Tema 2. Los derechos humanos

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¿Qué son los derechos humanos?

Los derechos humanos son los derechos que cualquier persona posee —o debería poseer— por el mero hecho de ser persona. Eso significa que los derechos humanos son inalienables e irrenunciables, nadie puede suprimirlos ni renunciar a ellos. Son, por supuesto, universales e iguales para todas las personas de cualquier condición, y también intrínsecos al ser humano, es decir, los derechos humanos se consideran parte de la condición humana.

Por tanto, y en consecuencia, no hay ética que pueda justificarse si omite y transgrede el respeto a los derechos humanos. Y, por lo mismo, no hay política que sea defendible si no se apoya en el cumplimiento y respeto de los derechos humanos. Y decimos esto porque el ser humano es capaz, por fanatismo y falta de tolerancia, de cometer las más brutales barbaridades. De hecho, si en Azerbaiyán en 1417 el filósofo Imadeddin Nezimi era despellejado vivo y, tiempo después, la Inquisición musulmana ordenaba la muerte del jefe de los hurufitas, Shijabedin Fazullah Naimi Tebizi Azterabadi al Hurufi, en Suiza el filósofo español Miguel Servet sería apresado en Ginebra por la Inquisición protestante y, luego, en el año 1553 hecho quemar vivo en una hoguera y por orden de Calvino. Estos lamentables sucesos recuerdan, por similares, el final aciago que sufrió la filósofa y matermática egipcia Hipatia cuando, en el año 415 de nuestra Era, moría linchada a manos de una turba de fanáticos.

A lo largo de los siglos estos episodios, lejos de desvanecerse y desaparecer, van a repetirse hasta límites incluso genocidas. De hecho, el siglo XX ocupa el desagradable honor de haber conculcado uno a uno todos los derechos humanos tras haber matado entre 1938 y 1945 a más de seis millones de judíos en campos de concentración, trabajos forzados, experimentos científicos y cámaras de gas:

<<Consta en Macabeos III, apócrifo, pero considerado deuterocanónico por ortodoxos y orientales, la historia de su martirio por Tolomeo IV. La fecha y el hecho histórico son probados. El cuarto faraón de los Tolomeos, en 217 a. C., encerró a los judíos en el hipódromo de Alejandría y los hizo aplastar por elefantes borrachos>>. Este episodio, descrito por el historiador Horacio Vázquez-Rial en su artículo La repetición de la historia (2010), pone de manifiesto la antigüedad del antisemitismo u odio a los judíos, aunque desgraciadamente fue la maquinaria nazi de la muerte lo que llevó a la tumba, en plena Edad Contemporánea, a más de seis millones de judíos, de los cuales un total de cuatro millones ha logrado identificarse.

 

Este derramamiento sin límites de sangre, fruto del fanatismo y la falta de tolerancia, acaeció durante la Segunda Guerra Mundial y motivó a la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (O.N.U.) a aprobar la Declaración Universal de Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1948. La Asamblea pidió a todos los Países miembros de la O.N.U. que publicaran el texto de la Declaración, y que fuera <<leído y comentado en las escuelas y otros centros de enseñanza>>.

Imagen 1. Autor: Private H. Miller. Dominio público

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Para que puedas seguir leyendo y conociendo este monumento a la concordia, la paz y las libertades que es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pulsa en este enlace. Pero, si lo prefieres, puedes ver esta emotiva presentación en vídeo de los Derechos Humanos.


Luchas heroicas.-

<<Cerca de Auschwitz-Birkenau, exactamente en una pared de hormigón de una escuela, han encontrado una botella con un extraño legado. En el interior de la vasija había un papel escrito a mano, con fecha de 9 de septiembre de 1944, que recogía los nombres, números carcelarios y nacionalidad de siete prisioneros de la Alemania nazi que tan solo contaban entre 18 y 20 años. El mensaje fue elaborado con la intención de que alguien pudiera algún día saber que ellos habían vivido, padecido y (la mayoría) sucumbido en esa gehena que eran los campos de concentración. O dicho de otra forma. Teniendo en cuenta la tanatocracia que inspiraba la política concentracionaria de los líderes del nacionalsocialismo alemán –ahí está el relato minucioso y espeluznante del periodista y escritor ruso Vasili Grossman acerca del funcionamiento de las cámaras de gas–, no hay duda de que con la iniciativa de dejar sus nombres guarecidos y sepultados, estos siete reclusos intentaron [...] traspasar los muros carcelarios de la muerte.

[...] El 3 de julio de 1936, tras el discurso del delegado español Sr. Barcia, un periodista de origen checo, Stephan Lux, no solo alertaba a todos los delegados presentes en la sede de La Sociedad de las Naciones de los peligros del antisemitismo nazi, sino que denunciaba los inicios del genocidio judío. Y para que su testimonio poseyera la sangre del sacrificio, se disparaba a sí mismo, en el pecho, en señal de protesta públicamente y ante los asistentes allí congregados. Pese al altruismo del que hizo gala delante de los representantes de las delegaciones de todos los países, el testamento de Setphan Lux (1888-1936) no tuvo efectos ni a corto ni a largo plazo en la política de La Sociedad de Naciones. Y esa Casandra que había planificado su suicidio de forma meticulosa –en su maletín encontraron cartas suyas dirigidas al Secretario general de la Sociedad de Naciones–, no llegó nunca a imaginar la impasividad de esa organización que no tomaría acciones contra el régimen asesino de Hitler.

Como Lux había predicho, las matanzas comenzarían. Y en los campos de concentración, construidos para exterminar, prevaleció una regla inicua que rezaba: «por cada persona fugada diez serán asesinadas». Pues bien, a finales de julio de 1941 se ponía en marcha tal medida. En Auschwitz, uno de los elegidos para cumplir la sentencia era Franciszek Galowniczek que, al tener conocimiento de su inminente asesinato, imploraba y decía: «Dios mío, tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?» Ante las muestras de dolor y de desesperación de este militar, un sacerdote polaco, de nombre Maximiliano María Kolbe (1894-1941), decidió hacer real la enseñanza de San Juan de «nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos», y convenciendo a las autoridades nazis logra ponerse en lugar de Galowniczek. Realizado el trueque, Kolbe era condenado a morir de hambre. Con esta sentencia, durante tres semanas malvivió entre la extenuación y el dolor hasta que un 14 de agosto y, como no fallecía, recibió una inyección letal de fenol.

Por supuesto, al otro lado de las verjas y muros concentracionarios hubo personas que intentaron controlar la voracidad de Leviatán. El industrial Herr Direktor, alias de Oskar Schindler (1908-1974), lograba, pese a su relación personal con los nazis, ver a las personas al margen de su nacionalidad o religión. Y con coraje y sin temer las consecuencias de su conducta, Schindler decidió luchar contra el monstruo Leviatán y crear horizontes de humanidad manteniendo con vida y en su fábrica, lejos del tsunami genocida, a 1.200 hombres y mujeres judíos.

En contra del Imperio de la Parca sobresaldría también el diplomático español Ángel Sanz Briz (1910-1980). Éste zaragozano, con la ayuda de su amigo italiano Giorgio Perlasca (1910-1992), que más tarde le suplantaría identidad y cargo, siguió el ejemplo de su antecesor en Budapest, Miguel Ángel de Muguiro, y del funcionario de la Embajada española en Berlín Fernando Oliván, y a través de documentos falsos luchó contra las autoridades nazis. Saltándose las leyes nazis vigentes, Sanz Briz creó casas asilo en las que pudo mantener con vida a más de 5.200 judíos. En esta red clandestina, tejida para salvar de los pogromos a mujeres y hombres, ocuparía así mismo un lugar muy especial Carl Lutz (1895-1975). Este diplomático suizo fue el artífice de la Schutzbrief o documento de protección para refugiados. De esta manera, y por medio de una inteligente ingeniería burocrática, Lutz se opuso al asesinato como estrategia política y llegaba en Budapest a librar de la muerte a más de 62.000 judíos tras darles cobijo en el Departamento de Emigración de la Legación suiza. En su ayuda colaboraron el Nuncio Apostólico Angelo Rotta y el diplomático sueco Raoul Wallenberg, que continuaría la hazaña de salvar vidas judías por medio del engaño ideado por Lutz.

Mientras la planificación de la destrucción devoraba las entrañas de Europa, colaboracionistas italianos y seguidores del Gobierno de Vichy ayudaban a mantener viva la muerte. Sin embargo, en contra de semejante barbarie hubo árabes que, desobedeciendo las normas políticas, protegieron por humanidad y altruismo a los perseguidos. Tal fue el caso de Al Sakdat, alcalde de Túnez, que ocultó a los judíos hasta que las tropas aliadas los liberaron, y de Kaddur Benghabrit, regente de la Gran Mezquita de París, que proporcionaba identidad falsa musulmana a los detenidos y deportados judíos.

Pero es que también, muy cerca del horror de los guetos, hubo individuos que se alzaron contra la indignidad de la injusticia realizando una labor callada, pero efectiva y ejemplarizante, tal fue el caso de Irena Sendler (1910-2008). La proeza de esta mujer, descubierta en 1999 por unos escolares de Kansas, no es baladí, pues de los tres millones y medios de judíos polacos tan solo sobrevivirían 70.000. Y de esos setenta mil supervivientes 2.500 fueron, gracias a la acción de Sendler, librados de la guadaña de la muerte. Recordemos que esta asistente social polaca pudo escapar con vida del cautiverio al que le sometió la Gestapo, a diferencia de la antinazi Sophia Magdalena Scholl. Y pese a las coacciones, palizas y fracturas de huesos sufridas durante su encierro, Irena, que fue detenida el 20 de octubre de 1943, jamás dijo nada en la cárcel, jamás empleó el camino de la delación. ¿Su crimen? Haber convencido a madres y abuelas de que sus hijos y nietos podrían sobrevivir a las matanzas de los campos de concentración si disponían de otro nombre. ¿Su delito, entonces? Lograr, para escarnio de los Gilles de Rais nazis, sacar del gueto a 2.500 niños judíos después de haber minuciosamente escondido su verdadera identidad en minúsculos trozos de papel, guarecidos en protectores tarritos de cristal sepultados bajo un manzano>> (María Teresa Glez. Cortés, Sobre el tránsito o De mysterio mortis, El Catoblepas, 2009, p. 1).

 

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¿Sabías que Irena Sendler fue candidata en 2007 al Premio Nobel de la Paz, galardón que ganaría Al Gore?

Puedes leer más sobre la interesante vida de Irena Sendler.

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Los Derechos Humanos no son una graciosa concesión por parte de quien posee poder. Han sido conquistados con el sufrimiento y el sacrificio de muchas personas, anónimas la mayoría, conocidas otras.

¿Quiénes son esos "héroes" de los Derechos Humanos? Busca al menos dos personajes históricos vinculados con los derechos Humanos y redacta una breve reseña biográfica (cinco líneas) de cada uno de ellos, explicando su aportación en la conquista de derechos.


Declaración Universal de Derechos Humanos.-

Así empieza la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, de la Organización de Naciones Unidas (O.N.U.):

"Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;

Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;

Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;

Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y

Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;

La Asamblea General proclama la presente Declaración Universal de Derechos Humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción".