Tema 4. Los espacios protegidos (España y Aragón)

LOS ESPACIOS PROTEGIDOS. LOS IMPACTOS EN LA BIODIVERSIDAD

Imagen 1. Acebo. Arbusto protegido en el Pirineo

A lo largo de este tema vamos a estudiar los espacios protegidos en España y también haremos alguna referencia a los europeos, pero ¿por qué protegemos espacios naturales?. La respuesta es tan simple como rotunda: las acciones del hombre están poniendo en peligro la supervivencia de espacios naturales y toda la biodiversidad existente en ellos.

La explotación del medio con fines productivos ha sido una constante del hombre a lo largo de su historia, pero en los países mediterráneos, con ecosistemas inestables, esa explotación del medio ha originado alteraciones importantes en los diferentes subsistemas del mismo. Ahora bien, la industrialización ha supuesto una depredación y una intervención antrópica muchísimo mayor sobre este medio, hasta el punto de llegar a situaciones límites. Los desarrollos tecnológicos recientes han multiplicado aún más esa capacidad de destrucción, que se manifiesta, entre otras cosas, en una creciente destrucción de la biodiversidad.

Biodiversidad hace referencia a la cantidad y a la variedad de las formas de vida. La explotación insostenible del medio afecta negativamente a una y otra. La huella ecológica (área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población dada con un modo de vida específico de forma indefinida) del hombre, especialmente en los países más desarrollados, ha aumentado su tamaño de una forma extraordinaria. Esta humanización del medio ha supuesto impactos que han supuesto la reducción del peso de las otras formas de vida, que se manifiesta en una disminución de su tamaño y su diversidad.

Igual que existen espacios protegidos existen plantas protegidas. En la imagen 1 puedes observar el Acebo, arbusto casi desaparecido y hoy felizmente recuperado en toda la cordillera pirenaica. En la Península Ibérica, lo encontramos en la mitad norte, en bosques de coníferas y robles. Su crecimiento es lento y posee una elevada longevidad (puede llegar a vivir hasta 100 años). Su tamaño es mediano (alcanza hasta 10 metros como máximo) y su tallo leñoso. Sus frutos, rojos y carnosos, maduran en invierno.