2.1. La ciudad romana

BARCELONA EN LA ETAPA ROMANA

Imagen 9. Fuente Ayuntamiento de Barcelona, licencia para usos educativos

El imperio romano se articuló en base a una red de calzadas y de ciudades, desde las que se administraba el territorio y se irradiaba el proceso de romanización. Esta estructura, junto a otros factores, favoreció el desarrollo del comercio y permitió lo que podemos considerar una intensa vida urbana. Casi todas las ciudades que hoy son grandes centros urbanos derivan de núcleos romanos, siendo muy escasas las excepciones. Su tamaño variaba desde las grandes ciudades, capitales de provincia (Tarraco, Corduba), que ocupaban un área de 70 u 80 Ha, hasta las pequeñas ciudades que no superaban las 15 Ha. Sus características más importantes eran:

  • La trama de estas ciudades era regular (serie de calles que se cruzan en ángulo recto).
  • Tenían dos calles principales perpendiculares, el cardo y el decúmano, en cuyo cruce se encontraba el foro, plaza donde se ubicaban los edificios públicos más importantes (templos, palacios...) y la zona comercial más valorada.
  • Muchas de estas ciudades estaban rodeadas por murallas, que las defendían (no conviene olvidar que Roma había conquistado y explotaba Hispania) y demarcaban sus límites.
  • El espacio interior no estaba dedicado en exclusiva a edificios, sino que huertas y espacio libre ocupaban parte de él.

De este pasado algunas de nuestras ciudades aún conservan, además de restos arquitectónicos (acueductos, templos, etc.), la huella del antiguo trazado en cascos antiguos con una trama más o menos regular, y especialmente la huella de cardo y decúmano, que suelen corresponder al trazado de las dos calles principales del centro histórico. Se conserva también la idea de prestigio asociada al lugar en el que estaba el foro, que luego se convertiría en muchos casos en plaza de la mezquita, la catedral y el lugar principal de la ciudad.


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