Tema 4: De la unión dinástica de los Reyes Católicos al imperio hispánico de los Habsburgo

1. Imagen de Ignacio Gaviria, dominio público.
2. Imagen de Miguillen, lic. Creative Common

Los dos escudos de armas que nos flanquean pertenecen a los Reyes Católicos (izquierda) y a su sucesor Carlos I (derecha). No vamos a entrar en un análisis heráldico de los mismos, pero ten en cuenta que cada símbolo representa un territorio gobernado por el titular del escudo, y creo que comprenderás fácilmente que los territorios gobernados por los sucesores de los Reyes Católicos se ampliaron enormemente por la herencia aportada por la familia paterna de Carlos I, la dinastía Habsburgo, también conocida como Casa de Austria por su territorio de origen.

En este tema vamos a abordar un período clave en la configuración de la España actual, en el que salimos de la Edad Media y nos adentramos, sin agotarla, en la Edad Moderna. Iremos desde 1469 a 1700, casi dos siglos y medio de historia en los que se fragua la unidad política de los antiguos reinos medievales peninsulares, y en los que, en algunos momentos, toda la Península Ibérica vuelve a estar sometida a un mismo poder político, como la antigua Hispania romana.

Los Reyes Católicos sentaron las bases de un modelo de Estado en el que un mismo soberano gobernaba territorios bien diferenciados, manteniendo cada uno sus propias leyes, instituciones y personalidad. Este sistema se extendió a partir de Carlos I a una gran cantidad de territorios europeos, americanos, africanos y asiáticos gobernados por la Casa de Austria, y que tuvieron en la antigua Castilla su centro de referencia. Es por ello que, visto desde fuera, este enorme imperio territorial terminó identificándose con España, y conociéndose como Imperio Hispánico o español.

Pero a veces las palabras encierran trampas, porque en ningún momento de esta etapa de nuestra historia existió un Estado que podamos llamar España, ni se puede considerar que España dominara el mundo, como antaño se decía. La mejor manera de entender este imperio es considerarlo como un patrimonio personal de una dinastía que llegó a gobernar todo el territorio de la Península Ibérica y muchos otros territorios. Pero esta dinastía no consiguió, tal vez porque ni siquiera lo intentó, dar el paso para construir un Estado unificado en el que todos sus súbditos estuvieran sujetos a las mismas leyes.