Tema 2. La Segunda República española

La Segunda República fue el primer régimen verdaderamente democrático en la Historia de España. Cuando se proclamó, el 14 de abril de 1931, fue recibida con un gran entusiasmo popular y con la esperanza de iniciar un cambio radical que mejorase la vida de los españoles. Sin embargo, poco más de cinco años después, se truncaba la experiencia republicana con un golpe de Estado que provocaría una cruenta guerra civil.

Manifestación de júbilo por la proclamación de la República el 14 de abril de 1931. Archivo procedente de la web Memoria Republicana.

¿Qué ocurrió en tan poco tiempo para que tan elevadas esperanzas tuvieran tan trágico final?

No queremos adelantarte lo que vas a ver en este tema, pero ya te anticipamos que la Segunda República española no apareció ni en el momento ni en el lugar adecuado. Los problemas, tanto externos como internos, a los que tuvo que enfrentarse fueron demasiado grandes. Te exponemos algunos de ellos, siguiendo lo expuesto por el profesor Juan Avilés:

  • España inició su primera experiencia democrática en 1931, es decir, cuando la oleada democratizadora europea que tanta fuerza había tomado tras la Primera Guerra Mundial estaba en plena crisis, cuando la depresión económica internacional había incrementado la tensión social en todo el mundo y cuando el comunismo por un lado y el fascismo por otro parecían fórmulas novedosas y prometedoras.
  • Las condiciones internas de la España de la época tampoco parecían las más adecuadas para que se consolidase la democracia. España era por entonces uno de los países menos desarrollados de Europa, con una exigua clase media y con unos enfrentamientos de clase (especialmente en el campo) muy marcados. Además, en muchas cuestiones como la religiosa, la autonómica o la de los derechos sociales las tensiones eran evidentes.
  • Junto a todo esto, el papel de algunos de los actores políticos tampoco facilitó la convivencia. Lo grave, en este sentido, no fue sólo la existencia de fuerzas marginales que como los monárquicos autoritarios, los fascistas o los anarcosindicalistas rechazaban por completo el juego democrático, sino especialmente la postura de dos partidos mayoritarios como la CEDA o el PSOE. La primera actuó dentro de la legalidad pero nunca ocultó que su propósito era el establecimiento de un nuevo régimen que (aunque nunca fue definido claramente) tendría un fuerte componente autoritario, muy cercano al fascismo. El PSOE, por su parte, a pesar de haber desempeñado un papel fundamental en el establecimiento de la democracia republicana, la consideraba (al menos un sector importante de este partido) únicamente como una etapa temporal en el camino hacia el triunfo definitivo del socialismo, que exigiría la dictadura del proletariado. Por tanto, la más que dudosa adhesión a los principios de la democracia formal de estas dos formaciones contribuyó a debilitar el régimen republicano.