2.1 La teoría del conocimiento en Locke.

Locke coincide con Descartes en interponer la idea entre la mente y la cosa; dicho de otra forma: el conocimiento es siempre conocimiento de ideas. Las ideas son el objeto de nuestro conocimiento, su contenido mismo: todo lo que conocemos son ideas. Pero he aquí la primera diferencia fundamental: todas las ideas que tenemos no puede provenir sino de mi misma experiencia.

Partiendo de que todas nuestras ideas proceden de la experiencia, Locke se dedicó al estudio de su génesis, intentando comprender los mecanismos a través de los cuales pensamos. Por lo tanto el plantemiento es en cierta forma cartesiano, en cuanto a que trata sobre ideas, pero, al mismo tiempo, se aleja de la postura de Descartes, al entrar en una postura psicologista acerca de los contenidos mismos del pensamiento.

Toda idea procede de la experiencia, tiene en ella su origen y fundamento. Pero las ideas se pueden originar de dos formas distintas: bien por sensación (a través de la experiencia directa de los sentidos: surgen así ideas tales como "rojo" o "calor"), o bien por la reflexión posterior que hacemos sobre lo que captamos directamente a través de los sentidos. De esta forma llegamos a las ideas más elaboradas, y al observar las operaciones de nuestra mente sobre las ideas de sensación podemos llegar a plantearnos cuestiones sobre la "duda" o el mismo "pensamiento".

Ahora bien, hasta las ideas que podamos considerar como más abstractas tienen que provenir en última instancia de la experiencia. El objetivo de la filosofía consiste en establecer la génesis, la naturaleza y el valor mismo del conocimiento humano. Y para ello tenemos que estudiar al sujero que piensa, pero centrándonos en sus capacidades y, por lo tanto, en sus propias limitaciones. La filosofía de Descartes es un claro ejemplo del absolutismo de la Razón, que todo lo puede (o al menos eso pretende: incluso demostrar que Dios existe). La filosofía empirista de Locke es mucho más modesta, pues se centra en la función de la mente, en su ejercicio y resultados.

Árbol del conocimiento pintado por
Lucas Cranach en Wikimedia Commons,
bajo licencia Creative Commons.

A partir de aquí Locke diferencia entre ideas simples e ideas complejas. Las ideas simples serían como los átomos del conocimiento. En ellas la mente es meramente pasiva, receptiva. Unas ideas simples proceden de la sensación y otras de la reflexión, y entre ellas debemos diferenciar las ideas de cualidades primarias (como la figura, el tamaño...) y las ideas de cualidades secundarias (como el color, el olor...). Locke coincide con Descartes y Galileo en señalar que sólo las ideas primarias existen realmente en los cuerpos.
Icono de iDevice Ejemplo o ejercicio resuelto

Manzana en Wikimedia Commons,
bajo licencia Creative Commons.

Pensemos por ejemplo en una manzana: yo tengo una serie de sensaciones acerca de su existencia, es decir, una serie de características que la definen como un objeto que yo capto (su color, su olor, su sabor, su tacto, su sonido al morderla...). Pero, ¿existen realmente estas características en la manzana, o soy más bien yo el que las capto, y por lo tanto no están en ella?

Las ideas complejas provienen de la combinación de ideas simples; aquí el entendimiento es activo, combinando y relacionando ideas simples. De este modo se elaboran ideas de tres tipos: sustancias, modos y relaciones. Que la experiencia es tanto el origen como el límite del conocimiento se observa en el análisis de la idea de sustancia. Para Locke, la idea de sustancia no es más que lo que subyace, el sustrato que pensamos que tiene que haber para nuestras sensaciones. Pero lo que captamos de las cosas se nos da a través de nuestras sensaciones, y no podemos ir más allá de ellas. Suponemos, por lo tanto, que hay un objeto "debajo" (por así decirlo) de estas sensaciones, pero esto es algo que no podremos demostrar.

Existe por lo tanto un conocimiento sensitivo (del que ya hemos hablado), un conocimiento intuitivo (en el que la mente percibe de manera inmediata la relación entre ideas) y, por último, pero no menos importante, un conocimiento demostrativo. De la existencia del yo tenemos por ejemplo, según Locke, un conocimiento intuitivo (la mente está siempre presente ante sí misma, como en Descartes). De la existencia de las cosas materiales tenemos una evidencia sensitiva, ya que éstas son la causa de nuestras sensaciones (como en el caso de la manzana). Y, por último, de Dios tendríamos una certeza demostrativa, según el autor, ya que no podemos pensar en él sin hacerlo en la causa última de nuestra existencia misma.

Por lo tanto, aunque la postura empirista de Locke pudiera parecer muy radical en cuanto a sus planteamientos iniciales, vemos como al final las conclusiones metafísicas son similares a las del propio Descartes.