3.4. Juan Ramón Jiménez



Imagen 12. Autor: Vázquez Díaz. Dominio público
Fuimos hablando de nuestros amigos comunes allá en España por el camino. Me contó que a los catorce años conoció a Bécquer y a Rosalía, su vida en Sevilla como estudiantes de Leyes y pintor apasionado, cómo se dejó cautivar por Rubén Darío. A fines de 1899 ya tenía bastantes poemas escritos y pensaba reunirlos en un tomo que iba a titular Nubes. Luego se dio a conocer colaborando en revistas, como Vida Nueva. Y la felicidad que sintió cuando Villaespesa le escribió desde Madrid invitándole a venir a la capital a luchar con él por el Modernismo, en una tarjeta que estaba firmada también por Rubén Darío, por quien sentía una profunda admiración.
Llegó a Madrid el Viernes Santo de 1900, y pronto haría amistad con Villaespesa, Valle-Inclán y otros artistas de la época. En ese mismo año publica Ninfeas y Almas de violeta, títulos sugeridos por Valle-Inclán y Rubén Darío respectivamente. Recibió críticas muy duras. Regresó a Moguer deprimido y un tanto desencantado; allí murió su padre, y él cayó en un grave estado de postración. La familia le envió al sur de Francia a reponerse. Allí escribió Rimas, bajo la influencia de los simbolistas franceses (Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Mallarmé) y D'Annunzio y Carducci.
Pronto volvió a Madrid al cuidado del doctor Simarro, quien lo presentaría en la Institución Libre de Enseñanza, en el Sanatorio del Rosario. En 1902 publica Rimas. Durante su ausencia algo había cambiado. Se encontró con un grupo de nuevos escritores: los Machado, Benavente, Baroja, Unamuno, Azorín y Martínez Sierra. Un grupo de ellos y él mismo fundaron entonces una revista, Helios, ejemplo característico de publicación modernista y del 98, que se inicia en abril de 1903, y cuyo verdadero promotor fue Martínez Sierra.
Me habló de Arias tristes, libro que yo siempre consideré como el punto de partida de la poesía contemporánea, de su vuelta a Moguer donde decide vivir durante seis años, y de su retorno a Madrid, convencido por Gómez de la Serna y otros amigos. Comienza a escribir Platero y yo, publicado por enero de 1914, y luego, más completo, en 1917. En Madrid de nuevo, pasa a vivir a la Residencia de Estudiantes de la calle Fortuny. Entonces conoce a Zenobia Camprubí con la que se casa en 1916 en Nueva York, a donde marchó para realizar la boda.

—Con ella —y entonces vi que una lágrima triste tropezaba con el inicio de su barba blanca— todo cambió. Compuse y publiqué Diario de un poeta recién casado. Después de tres meses en América volvimos a España. Fuimos felices traduciendo a Rabindranath Tagore. Fundé la revista Índice, en la que colaboraron Ortega y Gasset, Moreno Villa, Azorín, los jóvenes poetas del 27, los Machado, Chabás, etcétera.

Creo que el resto de mi vida ya la sabe usted por su oficio de periodista: marchamos de España en agosto de 1936 hacia Francia y de allí a los Estados Unidos. Viajamos luego por Hispanoamérica; Puerto Rico, Cuba, Argentina, Uruguay, hasta que nos quedamos aquí, donde trabajo, como usted me ha visto, con las nuevas generaciones.

Si no recuerdo mal, esa fueron las últimas palabras que dijo, luego enmudeció. Comenzaron a hablar Casals y Ayala. Reímos con las bromas de Paco.

El tiempo pasó.

Me enteré que tres años después fue reconocido con el Premio Nobel de Literatura, que Zenobia —ese ángel de la guardia que todo genio tiene— murió una tarde triste de otoño de ese mismo año y que él solo pudo sobrevivir dos años a su ausencia.

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 Imagen 13. Autor: Joaquín Sorolla. Dominio público

Después de la conversación que mantuvimos, creo que en lo más íntimo Juan Ramón Jiménez solo distinguía dos etapas en su vida: antes de conocer a Zenobia y la vida junto a ella.

Sin embargo, la crítica se empeñó en distinguir las siguientes:

  1. La etapa sensitiva (1898-1915): marcada por la influencia de Bécquer, el Simbolismo y el Modernismo. En ella escribe Rimas (1902), Arias tristes (1903), Jardines lejanos (1904), Elegías (1907) y el poema en prosa Platero y yo (ya  en 1914). Estío, de 1909 supone el cambio hacia la segunda etapa de Juan Ramón, alejándose hacia...
  2. La etapa intelectual (1916-1936), comenzada con su primer viaje a América y con la lectura de la poesía en inglés (Yeats, William Blake, Emily Dickinson, Shelley). De esta época destacan Diario de un poeta recién casado (1916), Primera antología poética, (1917), Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919), Poesía (1917-23) y Belleza (1917-23).
  3. La etapa suficiente o verdadera (1937-1958), donde la lejanía de su tierra lo lleva a una cierta mística e identificarse con Dios y la belleza en uno. Su lengua poética se transforma en una especie de idiolecto poblado de múltiples neologismos (ultratierra, deseante...). Tras un período de relativo silencio, publica Animal de fondo (1949), Tercera antología poética (1957), En el otro costado (1936-42) y Dios deseado y deseante (1948-49).

 


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La fascinación por Rubén Darío de los jóvenes modernistas españoles era inmensa. Juan Ramón Jiménez cuenta en unas conversaciones con Ricardo Gullón,  que "hubo un tiempo en que Machado y yo nos paseábamos por los altos de Hipódromo, en las tardes de verano, recitando versos de Darío". Y en otro lugar dice que  "Villaespesa gritaba por el paseo de Recoletos y la calle de Alcalá, en la cara misma de las muchachas, la "Sonatina"...
 
Pero la fascinación era mutua. Juan Ramón cuenta cómo no olvidó "nunca la alegría mejor, el profundo bienestar moral que sentí a mis 19 años, cuando Rubén Darío, después de leer algunos de mis primeros versos, y salvando jenerosamente la distancia vertical que había entre su escalón y el mío, me dijo: "Usted va por dentro". Aquello fue para mí como un epivitafio. Y luego, viendo una dedicatoria mía "A mi alma": "Estas son las dedicatorias que hay que poner". (Las otras me las había puesto Villaespesa). Esto era el complemento que yo necesitaba. Qué noble Rubén Darío y qué crítico tan sutil. Llevaba mi libro manuscrito en su abrigo y de vez en cuando lo sacaba y le leía algo a alguno en cualquier mesa de cualquier café: Valle-Inclán, Benavente, Alejandro Sawa."

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Para actividades sencillas, puedes contar con este enlace.

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Completa el siguiente poema de Juan Ramón Jiménez, donde él mismo explica sus etapas literarias, con las palabras que se te ofrecen:

Banco de palabras: antigua, sonreía, túnica, desnuda, reina, inocencia, vistiendo.

Vino, primero, pura,
vestida de .
Y la amé como un niño.

Luego se fue
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.

Llegó a ser una ,
fastuosa de tesoros...
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

 

...Mas se fue desnudando.
Y yo le .

Se quedó con la túnica
de su inocencia .
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la ,
y apareció toda...
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!