1. Contexto histórico y cultural

Fueron tiempos duros aquellos que viví en mi infancia y mi primera juventud. Luego quisieron contarnos de nuevo lo vivido, de otra manera, convencernos de la necesidad, de la imperiosa necesidad, de la oportunidad y del futuro. Pero ya no fue posible. Todavía recordaba el paso por la frontera, el Alentejo, la muerte de mi madre y el orfanato del Régimen. Fueron tiempos duros y largos, incluso para un niño tan pequeño como lo era yo y que iba a convertirse en adulto precipitadamente.

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"La propaganda oficial, encargada de hacer acatar las normas de conducta que al Gobierno y a la Iglesia le parecían convenientes para sacar adelante aquel período de convalecencia, insistía en los peligros de entregarse a cualquier exceso o derroche. Y desde los púlpitos, la prensa, la radio y las aulas de la Sección Femenina se predicaba la moderación. Los tres años de guerra habían abierto una sima entre la etapa de la República, pródiga en novedades, reivindicaciones y fermentos de todo tipo, y los umbrales de este túnel de duración imprevisible por el que la gente empezaba a adentrarse, alertada por múltiples cautelas.
 
Prohibido mirar hacia atrás. La guerra había terminado. Se censuraba cualquier comentario que pusiera de manifiesto su huella, de por sí bien evidente, en tantas familias mutiladas, tantos suburbios miserables, pueblos arrasados, prisioneros abarrotando las cárceles, exilio, represalias y economía maltrecha. Una retórica mesiánica y triunfal, empeñada en minimizar las secuelas de aquella catástrofe, entonaba himnos al porvenir. Habían vencido los buenos. Había quedado redimido el país. Ahora, en la tarea de reconstruirlo moral y materialmente, teníamos que colaborar con orgullo todos los que quisiéramos merecer el nombre de españoles. Y para que esta tarea fuera eficaz, lo más importante era el ahorro, tanto de dinero como de energías: guardarlo todo, no desperdiciar, no exhibir, no gastar saliva en protestas ni críticas baldías, reservarse, tragar.
 
Las consignas que durante la guerra habían instado al ciudadano de la retaguardia a apretarse el cinturón se materializaron ahora en dos palabras clave: «restricción» y «racionamiento»."
Usos amorosos de la posguerra española, Carmen Martín Gaite
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Imagen 2. Autor: Miguelazo84. Licencia Creative Commons
 
Los acontecimientos que han condicionado nuestras vidas desde la Guerra Civil hasta el presente han sido numerosos. Desde una primera etapa, dura y autárquica, a la que le sigue una tímida liberalización y un final previsible con la muerte del dictador, hasta la llegada de la democracia y el periodo de estabilidad política que vivimos hoy en día gracias a la Constitución de 1978. Cada una de estas etapas históricas y sociales van a verse plasmadas en los movimientos literarios contemporáneos.

Pregunta de Selección Múltiple

España vive tras la Guerra Civil uno de los peores momentos de su historia. La literatura de la posguerra va a reflejar ese periodo angustioso para todos como un sentimiento personal existencial. Dámaso Alonso escribe este escalofriante poema, incluido en su libro de 1944, Hijos de la ira.

Insomnio

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros,
o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán,
ladrando como un perro enfurecido,
fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?

¿Cuál es el tema del poema?

La decadencia general de España.
El estado de España tras una guerra.
La rabia y la impotencia de las personas ante la situación de injusticia.



¿Qué imagen busca representar con el verso "fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla"?
La ira, el odio y el rencor, del cual todos beben, expresado por el simbolismo del amarillo.
La desesperación y la muerte que se ha vivido durante la guerra.
Es una nota surrealista, cercana al mundo de los sueños.



¿A quién pide explicaciones el poeta?
Al gobierno de la nación, con este poema crítico.
A Dios.
A la humanidad.