(No hace falta titular cada epígrafe).
¡Violencia en las aulas! Alumnos que agreden a sus compañeros y graban las agresiones con las cámaras de sus móviles; agresiones a profesores; grupos o pandillas que atemorizan a los más débiles o a los extraños, con un ensañamiento que a veces lleva a las víctimas a la depresión, incluso al suicidio. (Recordemos el caso de Mikel, el joven que se suicidó porque no soportaba el asedio continuo de sus compañeros.) Un clima extraño que se adueña de algunos centros y aulas, haciendo imposible la convivencia y la enseñanza.
¿Qué está ocurriendo? ¿Es un suceso cualitativamente nuevo o se trata simplemente de un fenómeno de "toda la vida" que es amplificado por los medios de comunicación? Y, lo más importante, ¿puede haber libertad en la praxis cuando hay una serie de factores externos que impiden el uso, goce y ususfructo de la libertad?
Exposición de nuestra tesis o idea central
En nuestra opinión, nos encontramos ante un fenómeno completamente nuevo. No se trata, pues, de algo "de toda la vida", como sostienen algunos autores, sino de un hecho sociológico que obedece a causas y a circunstancias novedosas. Para decirlo de un modo resumido, veremos cómo la violencia en las aulas es consecuencia de un fenómeno cultural y social que, inserto dentro de una "ideología de la violencia", se transmite y propaga a través de diferentes instrumentos: televisión, cine, videojuegos, cultura de mínimos en los centros de enseñanza, falta de educación por parte de los padres, etc.
Defensa de nuestra tesis
La institución escolar no es una institución cerrada en sí misma, sino abierta y porosa. Los jóvenes son especialmente influenciables: se encuentran en una etapa de construcción de la identidad personal, y en este período buscan modelos de conducta que les sirvan de pauta y ejemplo. Si antiguamente esos modelos provenían de los adultos, en las sociedades modernas ha surgido toda una iconografía, también apoyada por la clase política, en torno a la imagen del joven rebelde.
Esta iconografía no es en sí misma precursora de la violencia. Sin embargo, se ha asociado demasiado frecuentemente con la violencia. Se propone un modelo de personalidad basado en la fuerza, y no en el diálogo o el respeto. La violencia genera imágenes impactantes, atractivas desde un punto de vista icónico. Conectan con la necesidad de autoafirmación del joven, y se presentan como una válvula de escape ante una situación social que puede llegar a ser frustrante.
La violencia es aprendida. Si bien hay una violencia de origen biológico que sí es natural, dicha violencia tiene, en el resto de las especies, una función adaptativa, y una serie de pautas que la desencadenan y la detienen cuando ha cumplido su cometido (de no ser así, la violencia entre animales de una misma especie podría ser perjudicial para la misma especie). En el ser humano la violencia no es adaptativa; no se desencadena automáticamente ante un estímulo; puede ser y de hecho es controlada.
En resumen: para que la conducta violenta se desarrolle en el ser humano, ha de darse un aprendizaje. Y ese aprendizaje es cultural, tanto o más cuanto que los medios de comunicación airean una imagen dura, insumisa y violenta del adolescente, tanto o más cuanto que los programas educativos actuales siguen dando permisividad al alumno o alumna que se excede y que transgrede las normas de la comunidad escolar, y además hay algunas familias que se desentienden de la educación de sus hijos y/o sufren la conducta violenta de sus hijos, mientras la clase política no ofrece soluciones adecuadas a este fenómeno. Recuérdese el Informe 2010 de la Fiscalía de España en el que se recogen 8.000 denuncias de padres que sufren el maltrato de sus hijos.
A esto hay que añadir la difuminación de las normas que la escuela como institución sufre. Los viejos modelos basados en la autoridad han desaparecido dejando paso a modelos de convivencia laxos. Las normas han perdido peso y relevancia, y entretanto se produce un ajuste al nuevo modelo de convivencia que respete las libertades y derechos individuales de los alumnos, se pierden de vista los deberes y las responsabilidades del discente.
En pocas palabras: la escuela es un espacio social vulnerable a los cambios sociales, al impacto de los nuevos iconos, que a veces están al servicio de ideologías que están interesadas en promover la violencia frente al diálogo y la tolerancia.
Resumen y cierre
Nos encontramos ante un nuevo fenómeno de carácter no solo escolar, sino social y cultural. La violencia como modelo de conducta ha impregnado a nuestros jóvenes y ha llegado a la escuela. Tenemos que encontrar la manera de atajar el problema, antes de que altere de modo irreversible la convivencia en nuestros centros educativos.
Pero, al tratarse de un problema que trasciende a la propia institución educativa y que atañe a familias, docentes y poderes del Estado, la solución deberá pasar necesariamente por la búsqueda de una solución entre todas las partes implicadas.