1. El primer Wittgenstein y el Tractatus
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Sello sobre Wittgenstein |
"Fue en 1938, en el primer trimestre de mis estudios en Cambridge, cuando vi a Wittgenstein por vez primera. En una sesión del Club de ciencias morales, una vez expuesto el tema del día y abierta la discusión, alguien se levantó y, vacilando sobre los términos a elegir, formuló una observación. Se expresaba con gran dificultad y yo fui incapaz de comprender el sentido de su intervención. "¿Quién es éste?" murmuré al oído de mi vecino. "Wittgenstein", me replicó. Yo me quedé completamente estupefacto, porque me había imaginado que el autor del famoso Tractatus debía ser un hombre mayor, y éste parecía verdaderamente muy joven, de treinta y cinco años tal vez. En realidad tenía entonces cuarenta y nueve: el rostro moreno y delgado, el perfil aquilino de una sorprendente belleza, el cabello castaño abundante y rizado. Yo observaba en ese momento la actitud respetuosa y atenta de todos los asistentes. Después de este primer ensayo de intervención, quedó largos minutos en silencio, intentando al parecer poner en orden sus pensamientos. Su mirada seguía concentrada y sus manos se agitaban de manera llamativa, como si se encontrase en trance de discurrir. Toda la audiencia permanecía silenciosa y atenta." (En Wittgenstein, de Norman Malcolm, Grijalbo-Mondadori, 1990.)
"4.111.- La filosofía no es una de las ciencias naturales.
(La palabra "filosofía" debe significar algo que esté sobre o bajo, pero no junto a las ciencias naturales.)
4.112.- El objeto de la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento.
La filosofía no es una doctrina, sino una actividad.
Una obra filosófica consiste esencialmente en elucidaciones.
El resultado de la filosofía no son "proposiciones filosóficas", sino el esclarecerse de las proposiciones.
La filosofía debe esclarecer y delimitar con precisión los pensamientos que de otro modo serían, por así decirlo, opacos y confusos." (Edición española de Alianza Editorial, 1987.)
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Wittgenstein, Popper y el atizador
en una imagen tomada del blog factorserpiente.
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De este modo a cada nombre en la proposición le corresponde algo (un objeto) en la realidad, y la relación que guardan en la proposición es el reflejo de la combinación de los objetos en el mundo real. "El mundo es todo lo que acaece", es la totalidad de los hechos, y el lenguaje nos sirve para representar "estados de cosas": nos muestra la estructura lógica del mundo. Por eso, "Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo".
Una proposición puede ser verdadera o falsa, según refleje o no el orden del mundo (el estado de cosas que existen o han existido). Pero esto nos lleva también a concluir que hay cosas que no pueden decirse, porque superan "los límites del mundo", lo que nos llevará al atomismo lógico (como veremos en el siguiente apartado).
Proposiciones del Tractatus.
1. El mundo es todo lo que acaece.
2. Lo que acaece, el hecho, es la existencia de los hechos atómicos.
3. La figura lógica de los hechos es el pensamiento.
4. El pensamiento es la proposición con significado.
5. La proposición es una función de verdad de la proposición elemental.
6. La forma general de una función de verdad es [p,x,N(x)].
7. De lo que no se puede hablar, mejor es callarse.

