La
concreción del ideal arquitectónico del Renacimiento pleno se manifiesta en
esta obra a través de:
- Un
lenguaje arquitectónico grandioso y monumental.
Con
él se recogió la tradición de la arquitectura clásica adaptándolo a las
soluciones del Renacimiento. Observando el exterior y la planta del edificio
veremos que este lenguaje grandioso, simple y monumental se ha conseguido
mediante:
El
riguroso estudio de las proporciones de cada una de las partes del edificio que
forman un todo perfectamente articulado.
La
valoración de todos los elementos estructurales sobre los decorativos: el
edificio, hecho para ser contemplado desde el exterior, es un juego de líneas
horizontales. Destaca tan nítidamente la disposición del conjunto, las formas
estructurales, que la factura de los detalles pasa un segundo plano pero
además, la decoración tan limitada contribuye con su austeridad a aumentar la
monumentalidad del conjunto.
- La
creación de un espacio arquitectónico completo y cerrado en sí mismo.
El
edificio de ideal renacentista corresponde una construcción de planta central
absolutamente simétrica con respecto a un solo punto situado en el centro. Bramante
realiza en esta obra el ideal de la teoría arquitectónica creando una forma
estática, totalmente cerrada, de perfecta armonía.
De
planta circular (el círculo considerado como forma simple perfecta) el edificio
está estructurado de tal forma que domina el eje vertical (del remate de la
cúpula a la cámara subterránea en la que se venera el agujero donde fue clavada
la Cruz del
martirio) en torno al cual se articula en dos estructuras concéntricas:
El
cuerpo cilíndrico mural: cilindro cubierto con una cúpula sobre tambor decorado
en su exterior por pilastras y con vanos en uno y otro piso.
Un
cuerpo exterior concéntrico que rodea el cilindro central: sobre gradas, un pórtico
de orden histórico apoyado en un basamento que permita elevar la altura del
conjunto, rematado por una pequeña balaustrada que ciñe el cilindro como un
cinturón transparente.
- Los
elementos decorativos
Están reducidos al máximo en favor de los elementos
estructurales pero incluso existiendo tienen en ocasiones una función no
meramente decorativa: los vanos, abiertos tanto en la parte superior como
inferior del cuerpo central, tienen el papel de fuente luminosa del edificio;
el escudo sobre el vano central de la parte superior continúa la línea vertical
creada por ese vano superior y su correspondiente, la puerta de entrada de la
planta baja; el friso decorado con triglifos y metopas cuya decoración alude al
martirio del apóstol sostenido por la columnata de la parte inferior y que a su
vez sirve de soporte a la balaustrada superior...
Esta
mayor austeridad decorativa a favor del valor de las formas sustanciales
suponía una ruptura con el creciente decorativismo de la arquitectura italiana
de fines del siglo XV, especialmente en el norte de la península.