Esta
figura, exenta de mármol, es la escultura central de la tumba del Papa Julio II
y la única superviviente del proyecto original que figura en el actual
mausoleo, monumento que ocupó a Miguel Ángel más de 40 años.
Corresponde
a los años 1513-1520, años en que la artista alcanzó su madurez artística y
representa al profeta Moisés, que al regresar de su estancia durante 40 días en
el Monte Sinaí, portando las tablas de la ley, contempló horrorizado como
Israel ha abandonado el culto de Jehová por el de sus antiguos ídolos.
Algunos
han llegado a suponer que se trata de un retrato idealizado y también de un
símbolo de los elementos que componen la naturaleza, así por ejemplo, la barba
simbolizaría el agua y el cabello las llamas del fuego.
En
esta escultura se pueden observar, tanto en el esquema compositivo como en el
tratamiento de la figura, la clara evolución de Miguel Ángel respecto de su
primera etapa.
Las
innovaciones que se manifiestan son:
Abandono
del ideal de la figura humana autónoma.
El
Moisés ha perdido su autonomía por:
Pertenecer
a un conjunto escultórico más amplio, la tumba de Julio II.
Porque
su significado y comprensión estaban completados por el resto de las esculturas
que formaban parte originariamente, del monumento funerario.
Esta
pérdida de la autonomía hallará a su máxima expresión en las tumbas de los
Medici de Florencia.
Aumento
de la expresividad.
Tal
vez sea ésta la mayor novedad de esta obra. Y, gracias a ella Miguel Ángel
abandonaba uno de los presupuestos del clasicismo.
Ahora
bien, esta expresividad, única hasta entonces desde los helenistas, no
significa un mayor realismo. Por el contrario, para Miguel Ángel el arte
continuaba siendo la expresión de una idea más que el reflejo de la realidad;
pero, mientras que en su primera época lo que quería expresar el artista era su
idea de armonía y equilibrio, ahora expresó sentimiento. Esto es, no se trata
de representar un hombre sino de crear un símbolo de la indignación, de la
violencia contenida contra las bajezas de la vida humana.
Acentuación
de la sensación de movimiento.
Esto
se ha conseguido mediante una estudiada composición que se puede observar en
los siguientes puntos:
El
ligero contrapuesto de la figura marcado por el giro de la cabeza hacia la
derecha.
La
simétrica contraposición entre el brazo izquierdo hacia arriba y el derecho
hacia abajo; la pierna izquierda hacia afuera y la pierna derecha hacia dentro.
La
correspondencia ligada a la disposición anterior, entre la pierna que sostiene
el peso (lado izquierdo) con el brazo estirado y la pierna recogida (lado
derecho) con la mano levanta.
Comentario
Con
la compleja composición que acabamos de analizar el artista ha podido sugerir
el movimiento contenido, esto es, el movimiento justamente anterior al que el
profeta romperá las Tablas de la Ley sobre los ídolos, acción provocada por la
ira que embarga a Moisés ante la infidelidad de su pueblo.
Esta
santa ira, la terribilitá, se expresa en el rostro del profeta por la
contracción de sus rasgos faciales.
Con
esta Miguel Ángel abandonó los rostros serenos de su primera época y optaba por
una expresividad muy acentuada (anuncio del Barroco) producto posiblemente no
sólo de su propia evolución personal sino también de la influencia que sobre él
ejerció el descubrimiento del grupo escultórico helenístico el "Laocoonte" y
cuyos rasgos estilísticos adoptaban muy bien a sus propios sentimientos.