1.1 El precursor: Thomas Hobbes.
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Thomas Hobbes en Wikimedia Commons, |
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Portada original del Leviathan de Hobbes |
Es curiosa, además, la concepción del lenguaje y del pensamiento que este autor mantiene: razonar es calcular, computar; razonar no es sino conectar nombres, definiciones y proposiciones. Un ejemplo: si un hombre es la suma de "animal" y "racional", dice Hobbes, un animal no es sino la resta igual a "hombre" menos "racional".
Hombre = animal + racional // Animal = hombre - racional
Cualquier razonamiento se reduce de este modo a dos operaciones de la mente a partir del uso de los nombres y las definiciones: sumar y restar. Así, junto a una filosofía del lenguaje con un nominalismo extremo (recordad a Ockham), y un fisicalismo radical (el estudio de los cuerpos), Hobbes parece adelantarse a un determinado tipo de lógica posterior, que hizo posible la computación.
Finalmente, no podemos dejar de exponer el pensamiento de este autor sin mencionar su obra más importante: Leviathan, o la materia, la forma y el poder de un Estado eclesiástico y civil (1651). En ella, Hobbes nos muestra cómo el corporeísmo y mecanicismo del mundo físico afecta también al ser humano: estamos determinados en nuestros deseos por las sensaciones físicas de placer y dolor. La voluntad no es más que la manifestación de otro tipo de movimiento de los cuerpos. El bien es, por lo tanto, algo relativo y depende de los cuerpos mismos (de la persona y sus circunstancias). ¿Cómo es posible entonces la vida en sociedad?
Pues muy simple: por un acuerdo o contrato en el que cada uno de nosotros cedemos nuestros derechos a otra persona, esperando con ello el beneficio de una vida mejor. Como vemos, incluso la política se deduce de los principios mismos de la filosofía natural.
El ser humano, en defensa de sus intereses particulares, sería como un animal salvaje (en sentencia de Plauto, "lupus est homo homini", el hombre es un lobo para el hombre). De este modo el bien común no es posible sin la cesión de los derechos a un monarca absoluto, que ostente todos los poderes, un poder absoluto, para regular correctamente la vida pública, y evitar la lucha de todos contra todos. Las normas sociales no son más que la racionalización del egoísmo, puesto que prima el instinto de autoconservación.
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