1. La Tierra en el Universo
La civilización griega desde sus comienzos en el siglo V antes de Cristo comenzó a desarrollar lo que conocemos como la astronomía occidental. Las aportaciones más importantes se atribuyen a Tales de Mileto y Pitágoras.
Hacia el año 350 a. C. Aristóteles enunció los principios físicos que duraron dos mil años, hasta el siglo XVI. Según Aristóteles, el Universo es un sistema en el que los Planetas, el Sol, la Luna y las Estrellas giran alrededor de la Tierra con movimiento circular uniforme sobre esferas concéntricas, siendo la Tierra también esférica. La esfera correspondiente a la Luna separa el mundo terrestre del mundo celeste. El mundo terrestre está formado por los cuatro elementos (tierra, aire, agua y fuego), caracterizado por el cambio y el mundo celeste por el quinto, la quintaesencia, un elemento perfecto e inmutable.
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| Imagen 3. Niko Lang. Creative common |
Los griegos, a partir del modelo de Aristóteles, midieron el tamaño de la Tierra (Eratóstenes), el tamaño de la Luna, la distancia Tierra-Luna y la distancia entre la Tierra y el Sol. En el siglo II d.C., Claudio Ptolomeo recogiendo los conocimientos astronómicos de sus predecesores desarrollo un sistema astronómico que publicó en su obra Almagesto y que se conoce como modelo geocéntrico.
De acuerdo con el modelo geocéntrico, los planetas describen pequeños círculos (epiciclos) cuyo centro se desplaza sobre un círculo mayor (deferente) alrededor de la Tierra. Ptolomeo empleó más de ochenta círculos, entre deferentes y epiciclos, para describir el movimiento de los astros alrededor de la Tierra.
Aristarco de Samos, coetáneo de Aristóteles, creía que los movimientos celestes se podían explicar mediante la hipótesis de que la Tierra gira sobre su eje una vez cada 24 horas y que junto con los demás planetas gira en torno al Sol. Su modelo no fue tenido en cuenta hasta que en 1453 Nicolás Copérnico publicó en su libro De Revolutionibus Orbium Coelestium un nuevo sistema sobre el mundo en el que el Sol, y no la Tierra, ocupaba el centro del Universo, el modelo heliocéntrico.
De acuerdo con el modelo heliocéntrico, la Tierra y los demás planetas giran en órbitas circulares alrededor del Sol, aunque la Luna gira en torno a la Tierra y ésta, además, presenta un movimiento de rotación en torno a si misma. Si en el sistema ptolemaico la Tierra está fija, en el sistema copernicano está animada por dos movimientos: uno de rotación sobre sí misma y otro de traslación alrededor del Sol.
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| Imagen 4. Justus Sustermans. Dominio público |
Estos movimientos dan explicación a la mayoría de los fenómenos astronómicos, en particular a la alternancia de los días y las noches y de las estaciones.
Aunque la obra de Copérnico fue aprobada por el papa Clemente VII, la teoría copernicana fue denunciada por los protestantes por opuesta a las Sagradas Escrituras y la Inquisición prohibió el libro. Que la Tierra se mueve no fue aceptado hasta pasados cien años y a ello contribuyó de una manera fundamental Galileo Galilei (1564-1642).
Galileo con sus observaciones astronómicas utilizando un telescopio, de fabricación propia, cuestionó el modelo de Aristóteles al encontrar montañas en la Luna, descubrir los satélites de Júpiter o las fases de Venus y rebatió las ideas aristotélicas sobre el movimiento de los cuerpos. Galileo fue juzgado por hereje por la Inquisición.
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