2. El Arte doméstico

El arte de los ámbitos privados o arte doméstico.

La familia es una institución muy importante entre los romanos de buena clase, lo que naturalmente transcendía al resto de la población en la medida de sus posibilidades.

El ámbito familiar es, por tanto, fundamental en la civilización romana y tiene un gran desarrollo en sus manifestaciones artísticas.

La Casa.

Como es lógico el poder adquisitivo de las diferentes familias romanas no era el mismo y, por lo tanto, las casas tampoco eran iguales. En la ciudad existen dos tipos de casas, las insulae, casas de pisos (hasta cinco) donde vivían las clases populares casi siempre en régimen de alquiler y en no muy buenas condiciones higiénicas y materiales, siendo frecuentes los incendios y los hundimientos. No tenían características singulares salvo la de tener ventanas a la calle y patios interiores; y las domus, lo que tradicionalmente se conoce como casa romana, construcción con varias dependencias donde habitaba el Pater Familias, su familia y esclavos. Domus de los Vettii en Pompeya.

En el campo también existen las villas, casas de campo con una estructura similar a la domus pero con mucha más amplitud y dependencias, que podían llegar a tener hasta sus propias termas y basílicas. Villa de Casale, en Piazza Armerina, Sicilia.

Como es lógico dentro de las casas siempre hay un ajuar, más o menos amplio según las condiciones económicas de la familia, pero que contaba, como mínimo, con vajilla, muebles y cerámicas para almacenar los alimentos, y cuando era posible, con joyas o adornos.

El arte doméstico también se desarrolla en la religiosidad, aspecto fundamental en la vida de las familias: en todas las casas existían altares (lararium) dedicados a la diosa Vesta y a los espíritus protectores de la familia y del fuego -los lares familiares- (esto, desde luego, siempre en las casas de las familias importantes o patricias); también retratos de los antepasados (los manes, los espíritus de los antepasados muertos), en los que imperaba también el realismo (aunque a veces no exento de cierta idealización de los personajes), que eran esculturas en busto de piedra o mascarillas de cera colgadas de las paredes. Viene a ser, desde el punto de vista de la utilidad, como las fotos y cuadros de nuestros familiares en la actualidad, aunque en nuestro caso despojados de simbolismos religiosos. Retrato de Lucio Junio Bruto (primer Cónsul de Roma, Museo de los Conservadores de Roma); si la familia era lo suficientemente pudiente se incineraba a los muertos y sus cenizas se introducían en sarcófagos o urnas funerarias, decoradas con relieves realistas que ilustraban episodios de su vida o, simplemente, como se despedía de los amigos y colaboradores. Urna funeraria de Volterra, S.II a. C.; en el caso de grandes personajes o fortunas se podían erigir también mausoleos, edificios donde se albergaban las tumbas del personaje ilustre y su familia, al igual que en los grandes panteones de nuestros cementerios. Castillo de Sant'Angelo en Roma, Mausoleo de Adriano.

El arte doméstico también busca la estética a través de la decoración de los espacios de las domus y las villas. Los suelos podían decorarse con mosaicos, escenificaciones mitológicas o de la vida cotidiana confeccionadas con piedras pequeñas (teselas) de colores que conformaban la composición. Algunos son muy difíciles de elaborar y, por lo tanto, era muy costoso tenerlos, sobre todo si eran de calidad. Sala de las jóvenes en “bikini” en la Villa de Casale, Sicilia.; también se decoran las paredes de las estancias con pinturas y con temas de naturaleza muerta o bodegones, de la vida cotidiana o mitológicas. Pinturas de las domus de Pompeya o Herculano; los elementos sustentantes que son las columnas pueden ser también decorativas en el interior de las casas, como ocurre en los peristilos o patios interiores de las domus o villas. Igualmente, las casas se adornaban con estatuas, ya sean de los antepasados o de los dioses importantes.