Los escultores de la antigüedad utilizaban un instrumento para perforar el material que estaban trabajando, el trépano, generando una serie de claroscuros que otorgaban cierto movimiento a las imágenes. Es lo que puedes observar en el capitel y en el peinado de la Dama con permanente.
En el retrato de la Dama con permanente se observan bien sus rasgos, aunque hay un cierto tipo de idealización y, sobre todo, la dama se ve que sigue los dictados de la moda. Es, por lo tanto, fácil de imaginar que se trata de un retrato con influencias del clasicismo griego en un momento en el que en la sociedad romana, por lo menos para algunos, era importante que se supiera que estaban a la última en moda y técnicas escultóricas.
En los retratos de las Matronas no se atisba ninguna idealización y el realismo es absoluto, sin ninguna concesión a la moda y sin ninguna condescendencia para con el personaje retratado, podríamos calificarlos de puramente tradicionales y pegados a las más arraigadas costumbres republicanas.
Lo más interesante es que ambas formas de realizar los retratos pueden convivir perfectamente en el tiempo
En el caso del retrato de Augusto, obviamente está idealizado aunque se distingan sus rasgos y está caracterizado como sacerdote (en Roma podían serlo muchas personas).
Salvo en el caso del Augusto Velado, que es una copia en cera, los demás son de mármol, el material más utilizado por su buena disposición a ser esculpido si se tienen buenas manos y su perdurabilidad.
En el caso de los retratos, hay que tener en cuenta que se veneraban generación tras generación y el Pater Faimilas los sacaba, con la ayuda de sirvientes y familiares, cuando había algún entierro en la familia o quería hacer algún acto religioso de mucha relevancia, por lo que necesariamente deberían perdurar muchos años. Por ello, muchas veces, aunque en principio eran de cera, se mandaban hacer copias en mármol.