2.1. El Eclecticismo
La búsqueda de una expresión arquitectónica propia del s. XIX se hace importante para buena parte de la sociedad, especialmente para la "academia", siempre deseosa de clasificar y ordenar todo lo que se hace, de manera que pudiese controlarlo y teorizar sobre ello. Pero, no hay que olvidar que la historia de la arquitectura es la historia del eclecticismo, en el sentido de que no existe nada nuevo que no sea deudor de algo anterior, de algo que ya se hubiese utilizado antes.
Es ilustrativo, a este respecto, como ejemplo paradigmático de lo que queremos decir, el siguiente texto:
"Nadie parece haber tenido aún la idea de recoger de cada uno de los estilos arquitectónicos del pasado lo útil, ornamental, científico, de buen gusto y reunirlo con nuevas formas y disposiciones, haciendo nuevos descubrimientos, nuevas conquistas, nuevos productos desconocidos en otros tiempos. Y una arquitectura que, nacida en nuestro país, desarrollada en nuestro suelo, en armonía con nuestro clima, instituciones y costumbres, fuese a la vea elegante, apropiada y original, y que mereciese verdaderamente ser llamada nuestra"
Ensayo histórico sobre la arquitectura, Hope,T. 1835.
En este otro texto, ya español, nos encontramos de nuevo con una reflexión sobre el eclecticismo:
"Es lo cierto que el carácter de la Arquitectura de nuestros días, tal cual aparece en algunas fábricas, consiste en no tener ninguno; en su misma vaguedad; en la confusión de todos los estilos; en la manera extraña de mezclarlos y construir con ellos un conjunto heterogéneo que sorprende por la novedad, aunque no satisfaga la imaginación ni el buen sentido. Bástale hacer alarde de su emancipación; mostrase atrevida y caprichosa, cosmopolita y variada en sus inspiraciones. Cuando no imita al pasado, busca la originalidad en aprovecharse de sus despojos y ajustarlos mutilados a una combinación en que se consulta primero el capricho que la filosofía; antes lo extraño y exótico, que lo agradable ya conocido"
José Caveda y Nava. Memorias, 1867.
Por fín vamos a leer un último texto, éste con otra orientación más negativa y resignada:
"Nuestro siglo tiene un espíritu de asimilación que puede fácilmente comprenderse, sin más que visitar el gabinete de una persona de aficiones artísticas... Al hombre de nuestro siglo parece no le basta lo presente. Ávido de emociones lleva al concurso de sus deseos, nunca saciados, lo moderno y lo antiguo; lo nacional y lo extranjero; el arte y la industria; y en su propósito de buscar la belleza en esta novedad, cuya unidad está sólo en el afán por lo bello que siente y no acierta a definir...Es un eclecticismo insconsciente el de nuestra vida moderna, que sintetiza el único carácter que puede llamarse propio de nuestro siglo... El arte arquitectónico de nuestro siglo tiene que ser ecléctico confundiendo todos los elementos de todos los estilos para producir composiciones híbridas, en que no se encuentre un pensamiento generador y dominante... El eclecticismo, pues, así entendido, forma a nuestro juicio la nota característica de la arquitectura de nuestra época, sin que esto sea obstáculo para que pueda formarse andando el tiempo y pasado el período de transición que atravesamos, un estilo propio, con pecualires características de originalidad"
Discurso de Rada y Delgado en la Real Academia de San Fernando en 1882.
(Textos sacados de: El S. XIX. Bajo el signo del Romanticismo, de Pedro Navascués y María Jesús Quesada Martín, Editorial Silex, Madrid 1992.)
El término ecléctico, proviene del griego exlego, escoger, y ésta es en síntesis su íntima naturaleza: aquel estilo que se conforma de la elección y combinación de formas procedentes de diferentes lenguajes y que fundidos dan uno nuevo. Cuando abordamos la Historia de la Arquitectura comprobamos que el eclecticismo es casi una constante; pocos son los momentos en que un estilo se nos ofrece puro, sin mezclas o adiciones y, sin embargo, en la arquitectura decimonónica hay algo diferenciador y definidor, hay una voluntad estilística que conscientemente busca un nuevo lenguaje a través de estas formas que no son originales.
Este es el espíritu que impregna gran parte del siglo XIX. A comienzos de siglo, el filósofo francés Cousin ya propone este sistema. Como hemos leído, Thomas Hope en 1835, lo hace suyo para el mundo de la arquitectura, pero no se conforma sólo con mirar el pasado, sino que aconseja conjugarlos con los presentes e incluso con las posibilidades que surjan en el futuro. En España Juan de Dios de la Rada Delgado, en el discurso de ingreso a la Academia (cuyo fragmento hemos leído) confirma la solución del eclecticismo que se está siguiendo en ese momento, al decir que "nuestro siglo tiene un espíritu de asimilación". También otras soluciones contemporáneas miraban hacia atrás; los historicismos se presentan como otra de las alternativas a la búsqueda de un estilo que sacara a la corriente clásica del callejón sin salida al que había llegado.
Desde que los artistas italianos habían interrumpido el desarrollo del gótico en el siglo XV, la arquitectura había vivido del legado grecorromano; ahora era necesaria una nueva respuesta y no se hallaba. Por eso, en principio, el eclecticismo se planteó como una solución transitoria hasta que se lograra el estilo propio.
La evolución de este lenguaje es, a grandes rasgos, bastante simple, pues paulatinamente se va perdiendo el rigor clásico para alcanzar formas más libres y de mayor complejidad.
(Tomado de arte historia)
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Propileos Leo Von Klenze 1847. Munich (Alemania) |
Observa la imagen y trata de describir los diferentes elementos arquitectónicos que puedas, atribuyéndolos a distintas épocas y períodos artísiticos.