2.1. Caractarísticas generales
Las características fundamentales de la arquitectura románica son:
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Predominio del muro sobre el vano: edificios oscuros.
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Materiales y muros: el sistema constructivo se basa en un tipo de muro muy grueso, formado por dos paredes realizadas con paramento a soga y tizón de sillería y un hueco vacío intermedio que se rellena de ripio, a base de arena o mampostería.
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La planta: las iglesias románicas utilizan plantas basilicales (utilizadas por romanos y bizantinos), aunque predominan las plantas de cruz latina, por lo general de tres naves, siendo la central más alta y ancha (normalmente el doble) que las laterales. El punto de intersección de la nave central con los brazos menores de la cruz, llamado transepto (origen paleocristiano), da lugar al crucero, donde se sitúa el cimborrio. Los ábsides se multiplican al final de las naves y, a veces, aparecen los absidiolos y una girola o deambulatorio al final del ábside principal o cabecera, que permite deambular alrededor del altar mayor. El conjunto de la iglesia se suele completar con dos torres (sentido ascensional) gemelas que flanquean la entrada. A veces la iglesia forma parte de una abadía o monasterio, en cuyo caso resulta obligado la presencia de un claustro.
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Los arcos: la arquitectura románica se caracteriza por la utilización de arcos de medio punto (ya utilizados en Roma) en los vanos. En puertas y ventanas aparecen vanos abocinados.
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Las cubiertas: el hecho fundamental en las construcciones románicas es la sustitución de la cubierta de madera por la bóveda de cañón o aristas. Para cubrir grandes espacios las bóvedas se hallan reforzadas de trecho en trecho por arcos fajones, que descargan el peso que recogen sobre columnas o pilares y por fuera se contrarrestan con los contrafuertes. Cada pilar o columna sustentante se enlaza con arcos formeros dispuestos en paralelo al eje de la bóveda. Las bóvedas de arista, formadas por la intersección de dos bóvedas de cañón, se utilizan para cubrir las naves laterales.
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Elementos sustentantes: además del muro de sillería, se utilizan gruesos pilares rectangulares o cruciformes a los que se adosan columnas o medias columnas, y sobre los que descansan los arcos de las bóvedas; la columna rara vez se emplea exenta, salvo en claustros y girolas de templos, siendo de fuste liso y con capiteles decorados.