
UD1. Historia de la Tierra y de la vida

Por ejemplo, Australia, que es un continente que se separó del resto de los continentes hace unos 70 millones de años, presenta unas especies de fauna y de flora muy distintas de las del resto de continentes. Allí hay mamíferos marsupiales (con marsupio o bolsa abdominal donde las crías completan el crecimiento), como el canguro y el koala, que no se han podido hallar en ningún otro lugar, y no existieron mamíferos con placenta (que permite el desarrollo completo de las crías en el útero) hasta que los llevó el ser humano. Esto se explica porque los mamíferos con placenta aparecieron en los otros continentes cuando ya se había separado el continente australiano. Al tener un sistema reproductivo más eficaz, fueron sustituyendo en estas zonas, a los mamíferos marsupiales, que solo pudieron sobrevivir en Australia.
Las grandes aves corredoras como el ñandú suramericano, el avestruz africano y el emú australiano son especies diferentes pero, a la vez, muy semejantes entre sí. Esta distribución se explica suponiendo que el antecesor común de estas aves vivía en el supercontinente que ocupaba el hemisferio sur. Al separarse los continentes, diferentes grupos de aves quedaron aislados y evolucionaron de forma independiente.
Lo mismo ocurrió con el camello y la llama, que han evolucionado a partir de un mismo antepasado, uno en Asia y la otra en América; y con el rinoceronte en África y el tapir en Asia, que también han surgido de un antepasado común.
Genética molecular
Aporta las pruebas más convincentes a favor de la evolución biológica. Comparando moléculas de los distintos seres vivos, como proteínas y ADN, se puede llegar a determinar el grado de parentesco. Cuanto más parecidos son dos organismos, más coincidencias existen en las moléculas que los forman. Así por ejemplo, el ADN del chimpancé difiere sólo un 1,8 % del humano, indicando que es la especie más próxima a la nuestra.