

Palabras para vivir II

La caricatura
La caricatura es una representación exagerada de un personaje. Estamos acostumbrados a observar caricaturas dibujadas, pero también nos encontramos con caricaturas escritas que, del mismo modo, exageran algunos rasgos del personaje elegido. En ocasiones también se caricaturizan determinadas situaciones con el fin de poder trasmitir un mensaje, una idea, tratada generalmente con sarcasmo, sobre una cuestión determinada.
En el dibujo o la pintura, se trata de un retrato en el que se deforman las facciones y el aspecto de alguien. Así, en las caricaturas gráficas el dibujante realza y exagera los rasgos más destacados y pinta como deformes y desproporcionadas las facciones de la cara, aunque el personaje real es reconocible; de igual forma, en las caricaturas literarias , en las que la caricatura se realiza sólo con palabras, se convierte en un tipo de descripción en la que también se deforman o exageran los rasgos del físico o del carácter de un personaje. Ambas comparten las mismas características:
La voluntad de ridiculizar al personaje, mediante la deformación, exageración o desproporción.
La selección de los rasgos caricaturizados. La caricatura es el resultado de la mirada particular de su autor, ya sea dibujante o escritor. Éste selecciona los rasgos más sobresalientes para luego someterlos a una transformación. Al fin y al cabo, la caricatura es también opinión.
A través de los ejemplos, observa algunos de los recursos literarios que se utilizan para realizar una caricatura:
La hipérbole: exagerar las características de una persona o cosa (érase un hombre a una nariz pegado)
La comparación: establecer relaciones de semejanza o parecido entre varios elementos (su cuerpo estaba lleno de pliegues y abolladuras como un zurrón vacío)
La metáfora: sustitución de un elemento por otro con el cual tiene un cierto parecido (érase un elefante boca arriba)
La animalización, que consiste en atribuir a las personas rasgos de animales (caminaba [...] como a trompicones, escorado a la derecha, con un hombro más elevado que el otro, cosa que dotaba a su paso de una inestabilidad bamboleante de paquidermo a punto de desmoronarse)
La cosificación, si a las personas se les atribuyen características de las cosas (Mi criado tiene de mesa lo cuadrado y el estar en talla al alcance de la mano)
Aquí tienes una caricatura que realiza Benito Pérez Galdós de Nicanora, uno de sus personajes secundarios, en su obra Fortunata y Jacinta
Era una mujer más envejecida que vieja, y bien se conocía que nunca había sido hermosa. Debió de tener en otro tiempo buenas carnes; pero ya su cuerpo estaba lleno de pliegues y abolladuras como un zurrón vacío. Allí, valga la verdad, no se sabía lo que era pecho, ni lo que era barriga. La cara era hocicuda y desagradable. Si algo expresaba era un genio muy malo y un carácter de vinagre; pero en esto engañaba aquel rostro como otros muchos que hacen creer lo que no es. Era Nicanora una infeliz mujer, de más bondad que entendimiento, probada en las luchas de la vida, que había sido para ella una batalla sin victorias ni respiro alguno. Ya no se defendía más que con la paciencia, y de tanto mirarle la cara a la adversidad debía de provenirle aquel alargamiento de morros que le afeaba considerablemente
* Imagen: Banco de imágenes del MEC

Observa las caricaturas que hemos preparado en este documento PDF. Comprueba cómo el dibujante ha realzado y exagerado los rasgos más destacados y ha pintado como deformes y desproporcionadas las facciones de la cara pero, a pesar de la deformación, el personaje real es reconocible.