La arquitectura romana aprendió de otras civilizaciones el uso de elementos constructivos: los órdenes arquitectónicos griegos y su arquitectura adintelada; el uso del arco, la bóveda y la cúpula que ya emplearon las civilizaciones mesopotámicas y los etruscos. Además aplicaron nuevas técnicas constructivas que han perdurado hasta la actualidad, como el uso del mortero (mezcla de arena, cal y agua) que proporcionaba dureza a las uniones.
La arquitectura romana, además de para la religión y el poder, como sucedía en las civilizaciones anteriores, está pensada para las ciudades y sus habitantes. Las obras públicas tuvieron un desarrollo muy importante durante la época romana: acueductos, puentes, calzadas, cloacas...
Las obras conmemorativas contribuyeron a dotar a las ciudades de elementos ornamentales. Las columnas narraban las campañas de un emperador y los arcos de triunfo se construian para que los ejércitos victoriosos pasaran por debajo.


