La primera religión latina adora a las fuerzas de la vida, poco a poco estas fuerzas que dirigen el mundo se representan en múltiples dioses con distintos orígenes, la mayoría de ellos de origen griego, aunque también los había de origen etrusco.
Existe un paralelismo entre la mitología romana y la griega, hasta tal punto que muchas de las representaciones de los dioses romanos son copias de esculturas griegas.
Existían numerosos dioses menores de tipo doméstico y agrícola, tanto que había uno para cada situación: la cocina, las puertas, las fronteras, la crianza, los ciclos agrarios... También había culto familiar a los manes, espíritus de los antepasados y los penates, dioses de la casa.
Fueron muy tolerantes con las divinidades extranjeras, hasta tal punto que muchos de ellos fueron romanizados e incorporados al culto romano tras pasar el aval de los sacerdotes, así hubo culto a dioses orientales como Isis, Mitra, Cibeles...
Durante el Imperio aparece el culto imperial: a los emperadores muertos, al emperador viviente y a la Roma eterna.
El cristianismo
El nacimiento de Cristo marca, en las civilizaciones occidentales, el inicio de nuestra era: el año cero. La religión cristiana se extendió hacia el Roma, centro político y cultural de la época y fue ganando adeptos con el tiempo. Durante los primeros siglos fue perseguida por la administración; el choque entre el politeísmo romano y el monoteísmo cristiano ponía en cuestión, incluso, la divinidad imperial. Tras años de persecuciones, el emperador Constantino reconocía al cristianismo en el Edicto de Milán, en el año 313. Más tarde, Teodosio, proclamó al cristianismo como religión oficial. La división del imperio romano hizo evolucionar de forma distinta la religión en ambos lados del imperio, desarrollándose el cristianismo ortodoxo en Oriente y el romano en Occidente.