La ciudad romana fue una pieza fundamental en la expansión del Imperio. Su función era fundamentalmente política y administrativa; desde ellas se gobernaban las provincias y los territorios en los que se subdividían. En otros casos, el origen es militar o comercial.
Su plano suele ser cuadrangular, con dos calles principales que la cruzan de norte a sur (cardo) y de este a oeste (decúmano) y se juntan en un punto céntrico. Las restantes calles se desarrollan en los cuatro cuadrantes en que queda dividido el plano.
La ciudad se convierte en un centro de servicios: lugares públicos donde se reúnen los ciudadanos (foros o plazas públicas) para ejercer la política y la justicia (basílicas), para divertirse como el Coliseo de Roma (circos, teatros -en la imagen el de Tarragona-, anfiteatros, termas -en la imagen las de Caracalla-?), para practicar la religión (templos), además de viviendas de acuerdo con la posición social de su dueño.
Los servicios públicos también tienen cabida en las ciudades para convertirlas en habitables: alcantarillado (cloacas), traída de aguas (acueductos y fuentes), pavimentado y aceras? Los puentes unían la salida de las ciudades con las calzadas romanas que comunicaban unas ciudades con otras. La ciudad tenía monumentos conmemorativos: columnas historiadas o arcos de triunfo, estatuas?
Raramente había murallas, hasta que la presión de los pueblos bárbaros obligó a construirlas.
En las proximidades de las ciudades había villas: casas y palacios de recreo en el campo de la sociedad pudiente.
Muchas de las ciudades actuales tienen su origen o su desarrollo durante la época romana: Zaragoza, Mérida, Córdoba, Tarragona?


