La Península Ibérica en la Edad Antigua

La conquista de Hispania
La llegada, en el año 218 a.C. de Escipión a Ampurias para combatir en territorio ibérico a los púnicos en la segunda guerra fue el desencadenante de la conquista de la Península Ibérica por parte de los romanos.
En un primer momento, la conquista del litoral mediterráneo fue sencilla, el norte de la costa, hasta Sagunto, por su tradicional relación con Grecia, la predisposición de sus habitantes y la progresiva debilidad del ejército cartaginés que permitieron la llegada hasta las costas de Huelva sin demasiados problemas, ayudado por la política de pactos de Escipión con los gobernantes locales.
Hispania era rica en producción agrícola y yacimientos de oro, plata, hierro y cobre, por lo que suponía un territorio apetecible para la expansión territorial romana. Por ello, tras la victoria en la segunda Guerra Púnica, los romanos se dedicaron a asentar su presencia en los antiguos territorios peninsulares cartagineses. La costa mediterránea fue el punto de partida hacia el interior. No sin oposición de los pueblos iberos, se extendieron por las actuales Cataluña y Valencia y el sur. El espacio ibero, junto con el valle del Ebro hasta la Rioja estaban en poder de Roma en poco menos de cincuenta años desde la llegada de Escipión.
Es fácilmente comprensible la rápida adaptación de las zonas costeras al nuevo orden, no en vano sus pobladores procedían de la herencia cultural griega o estaban acostumbrados a relacionarse con otros pueblos de cultura similar a la propia. Por otra parte, se abrían nuevas posibilidades a la exportación agrícola y de metales. Sin embargo, los territorios celtas y celtíberos (los que menos influencias colonizadoras habían recibido) resultaron bastante más complicados de conquistar y podemos decir que la otra media Península Ibérica resistió en mayor o menor medida dos siglos más a la conquista y cuanto más al norte y al oeste, los pueblos que allí se asentaban fueron menos permeables a la romanización.
En el somontano ibérico fueron necesarias dos guerras para acabar sometiendo a los celtíberos, la guerra se desencadenó contra Segeda, la capital de los belos, en el valle del Perejiles (Ver contenido relacionado). El desarrollo económico de la ciudad les llevó a ampliar su zona amurallada, contraviniendo el tratado firmado tras la primera guerra y esa fue la causa para atacar la ciudad.
Sin embargo, los segedenses se refugiaron en Numancia (la actual Soria) capital de sus aliados los arévacos. La ciudad resistió los ataques de las legiones romanas durante veinte años, hasta la llegada de Escipión el Africano en en año 133 a.C.
Seis años antes había finalizado la guerra contra los lusitanos, que duró quince años hasta el asesinato de su líder, Viriato, caracterizada por las escaramuzas guerrilleras en un territorio complicado donde las legiones romanas se movían más lentamente que las partidas lusitanas.
La ampliación del territorio peninsular controlado aportó a los romanos no sólo las materias primas conocidas sino numerosos mercenarios que se alistaban en el ejército romano, alguno de sus líderes obtenían a cambio la ciudadanía romana. Poco a poco, con parones en los avances debido a los problemas internos de Roma, se fue conquistando la península hacia el noroeste, pero no fue hasta la llegada del primer emperador, Octavio Augusto, ya en nuestra era, cuando se acabó dominando a los cántabros, astures y galáicos.
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La guerra de Segeda
Apiano de Alejandría, que escribió sobre las campañas de Hispania, dejó este relato sobre las causas de la guerra a Segeda: ?No muchos años después estalló otra grave guerra en España, por la causa siguiente: Segeda es una grande y poderosa ciudad de los celtíberos llamados belos, adscrita a los pactos de Sempronio Graco. Sus habitantes se propusieron que la gente vecina de ciudades más pequeñas abandonasen sus lugares y se congregasen en su ciudad, a la que rodearían de una muralla de cuarenta estadios de circunferencia, obligando a esto a la vecina tribu de los titos. Enterado el Senado, les prohibió construir ninguna muralla, y ordenó que se pagasen los tributos fijados por Graco, mandando al mismo tiempo que se uniesen a las tropas romanas, pues así lo disponía el tratado de Graco. Los de Segeda contestaron que, respecto al muro, Graco había prohibido construir nuevas ciudades, pero las antiguas podían fortificarse; en cuanto a los tributos y a las tropas dijeron que los mismos romanos después de Graco se lo habían condonado. Y así era en efecto; pero cuando el Senado concede un favor así, añade siempre: estará en vigor en tanto que así plaza al Senado y al pueblo romano" © Centro de Estudios Celtibéricos de Segeda |
Numancia es una novela histórica de José Luis Corral, publicada por Edhasa. Te recomendamos la lectura de esta obra y te adelantamos el resumen de la propia editorial:
El autor reconstruye uno de los mitos hispánicos por excelencia. Más que una derrota final que era inevitable, lo que confiere la dimensión épica a este episodio es la desproporción de fuerzas en combate. ¿Quien podía suponer que un grupo de pequeños pueblos, sin ayuda exterior, sin cohesión aparente y sin preparación logística y militar, resistiese durante tanto tiempo el empuje de las cualificadas tropas romanas?
El autor nos presenta la acción a través de Aracos, un hispano que ha servido en las legiones romanas, y que por tanto conoce sus tácticas a la perfección, esto le permite preveer y adelantarse a todos los planes de los romanos.