
La Península Ibérica en la Edad Antigua

La importancia de las ciudades
No podemos decir que la presencia de Roma en Hispania fuese un proceso colonizador como los que ya hemos estudiado; efectivamente no solo crearon unas colonias para que la metrópoli obtuviera de ellas los beneficios comerciales mediante la exportación de las materias primas, sino que el territorio de Hispania, al principio el litoral y más tarde el interior, fue convirtiéndose en territorio romano propiamente dicho donde se desarrollaron su modelo cultural y urbano, su lengua, sus leyes y sus costumbres.
Ya hemos comentado que la base de la romanización fueron las ciudades, fundadas muchas de ellas sobre asentamientos ya existentes de los pueblos conquistados y pobladas por miembros del ejército que habían participado en esa u otras campañas y que se licenciaban con el beneficio de unas posesiones. Estaban regidas, al igual que Roma, por magistrados, dependientes de la cabecera provincial.
Estas ciudades estaban comunicadas por un entramado de vías romanas que puedes ver en el mapa de la imagen 1. Las más importantes eran la vía de la plata, desde Andalucía hasta Galicia; la vía Augusta, desde la Galia hasta Gades (Cádiz), o la que unía Tarraco (Tarragona) con Emérita Augusta (Mérida) pasando por Caesaraugusta (Zaragoza), transversal a las anteriores.
Para salvar los ríos construyeron puentes, muchos de los cuales se conservan en la actualidad, como el de Alcántara, que puedes observar en la imagen 3.
En las ciudades se aplicaban los conceptos urbanísticos romanos, que ya vimos en la unidad anterior: construidas alrededor de cardo y el decúmano, con sistemas de alcantarillado, fuentes y traída de aguas mediante acueductos cuando era necesario; con edificios de ocio (teatros, circos, anfiteatros, termas), templos, foro, murallas... dependiendo de la importancia de la ciudad.
