Las fuentes escritas indican que el Cristianismo llegó a Hispania a finales del siglo II, seguramente traído por soldados, al principio sin una organización jerárquica.
Al igual que en otros lugares, también padecieron persecuciones, sobre todo por negarse a participar en el culto al emperador. La persecución de Diocleciano fue la más importante y en ella se forjó la leyenda de los innumerables mártires de Zaragoza.
Si tenemos en cuenta que dicha persecución fue en el año 300 y que seis años más tarde se celebró el primer concilio en territorio hispánico, entenderemos que por esas fechas, la organización de esta religión estaba bastante asentada, con obispos y su correspondiente jerarquía. A partir del año 313, con la publicación del edicto de Milán, que permitía el Cristianismo, su desarrollo fue mayor hasta que Teodosío, en el año 385 lo proclamaba como religión oficial del Imperio. Unos cinco años antes, se celebró el concilio de Caesaraugusta, que intentaba condenar el priscilianismo, una herejía que se desarrolló en Hispania.
Prisciliano se enfrentó a la ortodoxia católica al predicar una vuelta al ascetismo criticando la relación entre el Cristianismo y el Estado y la corrupción generada con el enriquecimiento de las jerarquías, convertidas en poderosos señores, que junto con los grandes terratenientes conformarán los linajes que perdurarán más allá del Imperio Romano. La herejía fue, finalmente condenada y Prisciliano, decapitado.
En la imagen sarcófago de Santa Engracia, del siglo IV.
Completa el texto
El cristianismo llegó a Hispania hacia
, posiblemente de la mano de
procedentes de
. Su expansión fue muy
. El priscilianismo fue una doctrina, declarada hereje, que se desarrolló en Hispania y que
la relación de la jerarquía eclesiástica con el poder.
Los mártires
La leyenda de los innumerables mártires de Zaragoza parte, según José Luis Corral, de una mala traducción del texto donde Prudencio Clemente relaciona los mártires de la persecución de Diocleciano. Escribió una relación de todos los mártires y, en el caso de Zaragoza dio el nombre de 18, añadiendo que fue la ciudad de todo el Imperio donde más cristianos sufrieron martirio. Una mala traducción convirtió a "los más numerosos" en "los innumerables".
José Luis Corral Lafuente. Una historia de España. Ed. Edhasa. Barcelona 2008.