Angiospermas
Las espermafitas más evolucionadas son las angiospermas que surgieron hace unos 145 m.a. Suelen tener una flor completa, es decir con cáliz y corola, además de estambres y/o carpelos. La mayoría de las flores son bisexuales, pero algunas son unisexuales y presentan sólo estructuras reproductoras del sexo correspondiente. Entre ellas hay especies herbáceas, como el edelweiss o la margarita, arbustivas, como el rosal o el boj y arbóreas, como el cerezo o el tilo.
Las angiospermas presentan una ventaja evolutiva trascendental de la que carecían las gimnospermas: sus semillas están protegidas dentro del fruto que también favorece su dispersión. En efecto, la parte femenina de su flor (carpelo o carpelos) tiene un ovario en cuyo interior están los óvulos. Como veremos más adelante las semillas y el fruto se formarán a partir de los óvulos y del ovario tras la fecundación.
Las angiospermas se clasifican en dos grandes grupos, dicotiledóneas y monocotiledóneas, según que el número de hojas o cotiledones que produce inicialmente su semilla al germinar sea dos o uno, respectivamente. Además las dicotiledóneas suelen tener hojas con nerviación variada y flores con cáliz y corola de diferente color formados por 4 o 5 hojitas o múltiplo de esos números, mientras las flores de las monocotiledóneas suelen tener cáliz y corola del mismo color con 3 o múltiplos de tres piezas cada uno y las hojas con nervios paralelos. Ejemplos de dicotiledóneas son los robles y encinas, el haya, el olivo, el manzano, y muchas plantas herbáceas, entre ellas las llamadas leguminosas como judías y tréboles; las rosas, las patatas, las coles o las amapolas. Entre las monocotiledóneas, que evolutivamente hablando son las plantas más modernas, podemos citar a las palmeras; los cereales como trigo, cebada o maíz y las plantas bulbosas como orquídeas, narcisos y tulipanes.


