
La temperatura se mide con los termómetros, cuyo funcionamiento se basa en el equilibrio térmico. Si introduces un termómetro dentro de un vaso con agua, al cabo de un momento el termómetro y el agua alcanzan el equilibrio térmico, y la temperatura del agua es la misma que la que indica la escala del termómetro.
Los termómetros utilizan alguno de los efectos que el calor produce en los cuerpos, como, por ejemplo, la dilatación.
Un termómetro muy frecuente está formado por un tubo de vidrio cerrado por un extremo y que posee en el otro un depósito con mercurio o alcohol coloreado. Al aumentar la temperatura el líquido se dilata y sube por el tubo. Colocando una escala graduada, la longitud de la columna de líquido nos indica la temperatura.
Para construir la escala graduada se eligen dos temperaturas de referencia con las que se comparan las demás. Los termómetros más habituales eligen las temperaturas de fusión y de ebullición del agua.