Lubricantes en máquinas

Por suerte o por desgracia, siempre que hay movimiento hay rozamiento. Uno de los efectos que provoca el rozamiento es transformar la energía en calor (energía térmica sería el término correcto). Eso lo hemos experimentado todos, pues si tenemos frío en las manos, la manera más sencilla de calentarlas es frotarlas entre sí.
En algunos casos el calor generado no tiene demasiada importancia. El motor del ascensor de tu casa se calienta, pero no es un problema. El motor de un una moto se calienta, entre otros motivos, por el rozamiento de sus piezas. Aquí el problema ya es mayor. Para disminuir el rozamiento y que no genere tanto calor, se añade aceite mineral. Si el depósito de aceite del motor se rompe y pierde el aceite, la moto se incendiaría en cuestión de segundos, pues el rozamiento entre las piezas del motor cuando no hay aceite es elevadísimo. A estos líquidos les llamamos lubricantes, porque reducen las pérdidas por fricción.
De ahí la importancia del aceite en los motores. Todos los vehículos llevan incorporado un medidor del nivel del aceite. Además, para que cumpla su función, hay que cambiarlo periódicamente.
Aunque no haya peligro de incendio también se usa aceite para disminuir el rozamiento entre piezas móviles. Piensa en la bicicleta. Puede funcionar sin grasa (aceite) pero gran parte de la fuerza sobre los pedales se dedicaría a vencer la fuerza de rozamiento por fricción entre la cadena y los engranajes de la bicicleta. Las carísimas bicicletas (más de 6000 €) que usan los corredores del Tour de Francia están diseñadas para que tengan un peso y un rozamiento mínimos.