
UD1. Historia de la Tierra y de la vida

La mayor parte de la materia que constituía la nube se concentró en su parte central y dio origen al Sol. El resto de la materia permaneció girando alrededor del Sol, en forma de disco aplanado. Este disco se fragmentó y originó pequeñas acumulaciones de materia, denominadas planetesimales, en diferentes órbitas. Muchos de estos planetesimales colisionaron entre sí y dieron lugar a cuerpos mayores que constituyeron los futuros planetas, entre ellos la Tierra.
Durante millones de años después de su formación, la Tierra siguió recibiendo el impacto de otros planetesimales y meteoritos, y continuó incrementando su masa. Este bombardeo contribuyó a aumentar la temperatura del planeta y, en consecuencia, provocó su fusión.
La fusión del planeta fue la causa de la distribución de los materiales del interior de la Tierra, en sucesivas capas, de acuerdo con su densidad: los elementos pesados, como el hierro y el níquel, se hundieron y formaron el núcleo; los materiales más ligeros, se dispusieron en el exterior y formaron la corteza y el manto; los materiales gaseosos (dióxido de carbono, vapor de agua, nitrógeno, y cantidades menores de otros gases) escaparon del interior de la Tierra, como ocurre ahora en las erupciones volcánicas, y formaron la atmósfera que la rodea. La aparición de la vida provocó, más tarde, una transformación de la atmósfera.
Cuando la temperatura de la atmósfera disminuyó lo suficiente, el vapor de agua se condensó y formó nubes que precipitaron enormes cantidades de agua sobre la corteza aún caliente. Finalmente, cuando la corteza se enfrió, el agua líquida se fue acumulando en las depresiones y originó los mares y océanos que constituyeron la hidrosfera primitiva.