Biología y Geología
4º - Biología y Geología
1.3. Los fósiles

Animales fosilizados

Se denominan fósiles a los restos mineralizados de seres vivos, así como las huellas o trazas de su actividad vital sobre el sustrato.

Lo más frecuente es que fosilicen las partes duras y menos alterables de animales y plantas, como huesos, conchas, caparazones, dientes, troncos, frutos, etc.

En muchas ocasiones, el organismo ha desaparecido por completo, pero el hueco ha sido rellenado por materia mineral y queda el molde, como sucede frecuentemente con las conchas.

También se consideran fósiles las huellas o impresiones marcadas en las rocas por organismos de cuerpo blando, como gusanos o medusas; las pisadas dejadas al desplazarse; las galerías construidas como vivienda o los coprolitos (excrementos).

No suelen fosilizar animales o vegetales completos, salvo si se da una serie de condiciones especiales que les permiten quedar incluidos en materiales que les preservan de la putrefacción, como el asfalto o la resina, o haber padecido una muerte por congelación.

Se han encontrado insectos y arácnidos incluidos en ámbar, rinocerontes en asfalto, mamuts congelados en el suelo siberiano o troncos de árboles enterrados bajo una capa de cenizas volcánicas. En estos casos se puede estudiar la anatomía completa del organismo, ya que ha sufrido pocos cambios.

La fosilización. 

Consiste en una serie de transformaciones químicas en las que se sustituyen los compuestos orgánicos por minerales, lo que permite conservar exactamente la estructura y la forma del organismo original. Este proceso dura millones de años, hasta que el resto se transforma completamente en una piedra mucho más pesada que el original.

Los restos de seres vivos que se encuentran a la intemperie se descomponen rápidamente por la acción combinada de los agentes geológicos externos y de los hongos y bacterias, pero pueden fosilizar si quedan cubiertos por un material que los aísla del contacto con la atmósfera.

Proceso de fosilización

Fósiles