Final del siglo XIX y siglo XX
En 1886, el americano Herman Hollerith, cuando trabajaba para la oficina del censo en EE.UU., notó que el procesamiento de los datos del censo del año 1880 no se había terminado en el momento de hacer el de 1890. Para resolver el problema diseñó una tarjeta que se debía perforar con los datos de cada uno de los encuestados, desarrollando un sistema de datos mediante tarjetas perforadas en las que los agujeros representaban el sexo, la edad, la raza, entre otros.
Gracias a la máquina tabuladora, el censo de 1890 se realizó en dos años y medio, cinco menos que el censo de 1880. Las fichas se introducían en una lectora que detectaba las perforaciones mediante un baño de mercurio que al introducirse por los agujeros provocaba contactos eléctricos. Finalmente los datos se registraban en una tabuladora. Con ello se multiplicó por 100 la velocidad de proceso, 200 fichas por minuto.
Hollerit fundó su propia empresa, la Tabuling Machine Co. (1896), más tarde convertida en la Computing Tabulating Recording (1911), y que tras pasar a manos de Thomas Watson se denominó en 1924 International Bussiness Machines (IBM).
La primera tabuladora llegó a España en 1925 y se instaló en la entonces denominada Compañía Telefónica Nacional de España (actualmente Telefónica de España S.A.). A finales de los años 50 había unas 70 en toda España.