2.4.1. El Románico catalán
En Cataluña se pueden separar dos tendencias:
1) Románico ornamental de influencia francesa (derivada de la Marca Hispánica) y árabe y que nos ofrece ejemplos como el monasterio de S. Pedro de Roda (1022) de tres naves, la central de cañón y las laterales de ¼ de cañón, y girola sin capillas, arcos de triunfo de herradura y soportes originales: sobre podios se alzan pilares con columnas adosadas de capiteles con resonancias árabes. S. Juan de las Abadesas es muy posterior, 1150, como consecuencia de los talleres de marmolistas del Rosellón, presenta girola con capillas radiales. Finalmente, citemos los claustros de S. Cugat del Vallés donde los monstruos alternan con figuras cotidianas como el escultor trabajando con el cincel y S. Pablo del Campo (Barcelona) con arcos lobulados.
2) Románico lombardo caracterizado básicamente por su austeridad. Además, arquillos ciegos y bandas verticales, naves separadas por pilares con crucero y bóveda de cañón, grandes torres de sección cuadrada (circulares en Andorra) con ventanas geminadas. El Monasterio de Ripoll fue obra del Conde Oliva (977) y el Abad Oliva (1032); del primero es el templo de tres naves con gruesos pilares lisos y otros menores alternando con columnas. El abad añadió el cuerpo de fachada con dos grandes torres y su amplio crucero con siete ábsides todo ello con decoración lombarda. Fue muy reconstruido en el s. XIX. S. Clemente de Tahull y, en general, el románico del Pirineo, son los mejores exponentes de la austeridad de esta escuela, de la que solo se libra la monumental torre, quizás de carácter cívico aparte del religioso; por lo demás, se utiliza sillarejo, la cubierta es de madera, las dimensiones reducidas, la planta es basilical de tres naves separadas por pilares circulares.