
UD4. Las personas y la salud. Alimentación y nutrición humanas

La excreción
Aunque habitualmente se identifica el aparato excretor con el urinario, en la excreción de los diferentes productos de desecho también intervienen otros órganos y aparatos.
Los principales órganos excretores son: los riñones, los pulmones, las glándulas sudoríparas y el hígado.
Riñones. Son los órganos excretores más importantes, forman parte del aparato urinario. Eliminan de la sangre los desechos producidos por las células durante la utilización de los nutrientes, principalmente la urea y el ácido úrico.
Los riñones también son órganos reguladores. Eliminan a través de la orina el exceso de agua y sales minerales, manteniendo constante el volumen de agua del cuerpo y la concentración salina del plasma.
Pulmones. Expulsan el dióxido de carbono producido en la respiración celular durante la utilización de los nutrientes para la obtención de energía.
Hígado. Expulsa al intestino, junto con la bilis, sustancias de desecho procedentes de la digestión, de algunos fármacos y del alcohol, para que sean eliminadas por las heces.
Glándulas sudoríparas. Se encuentran distribuidas por toda la piel. Producen el sudor, un líquido formado por agua y sustancias de desecho de los capilares sanguíneos. Su composición es muy semejante a la orina, aunque más diluida.
Las glándulas sudoríparas excretan cerca del 10 % de los desechos de la sangre, pero su función principal es regular la temperatura corporal. Al evaporarse el sudor, absorbe calor del cuerpo, y se enfría la superficie de la piel.
Consiste en una filtración insuficiente de la sangre. Esto se traduce en la producción de un volumen de orina menor del necesario y en la eliminación deficiente de las sustancias de excreción. El resultado es una intoxicación por acumulación de los productos de desecho.
Cuando la vejiga contiene una gran cantidad de orina, aumenta la tensión en sus paredes y se produce un estímulo nervioso (reflejo de micción) que provoca su contracción y la expulsión de la orina hacia la uretra.
El reflejo de micción puede ser controlado por el cerebro de forma voluntaria. Gracias a ello, la orina no se expulsa, a pesar de que la vejiga esté suficientemente llena. Algunas lesiones nerviosas hacen que se pierda este control.