
El aspecto más relevante para el reino de Aragón es la pérdida de sus fueros.
Durante la Guerra de Sucesión la postura de Aragón fue muy ambigua; como se ha señalado anteriormente, había partidarios de ambos pretendientes, de Felipe de Anjou y de Carlos de Austria. En un primer momento se aceptó a Felipe V como rey, quien juró los fueros aragoneses, pero a lo largo de la contienda los apoyos variaron:
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La nobleza estaba dividida en sus apoyos y lo mismo ocurría con las ciudades: Teruel, Daroca y Calatayud eran partidarias del Habsburgo, mientras que Tarazona, Borja y Jaca lo eran del Borbón.
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Cuando es aceptado Carlos de Austria se radicaliza el conflicto expulsando del reino de Aragón a todos los franceses. Pero cuando el archiduque Carlos es derrotado en 1707, la fidelidad cambia en favor de Felipe V.
Finalizada la Guerra de sucesión, y ante la actitud adoptada por Aragón, Felipe V promulga los Decretos de Nueva Planta por los que:
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Quedaron abolidos los Fueros de Aragón, que pasaría a regirse por las leyes de Castilla.
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Se suprimieron las antiguas fronteras entre los territorios y reinos; se impuso una nueva organización: el corregimiento, al frente del cual se haya un corregidor elegido por el rey, al igual que el resto de las autoridades; todos los nombramientos fueron por designación real. No obstante en muchos señoríos seguía siendo el señor feudal quien proponía los nombramientos de las autoridades.
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Suponía el fin de la antigua estructura política del reino de Aragón: se suprimieron las Cortes, la Diputación y el Justicia.
Aragón entraba en la era del absolutismo y había perdido sus peculiaridades como reino.