
La Edad Moderna: siglos XVII y XVIII

La crítica al sistema político
Los ilustrados criticaron el Antiguo Régimen e impulsaron la necesidad de reformarlo. Defendían la desaparición de la monarquía absoluta y una forma de gobierno en la que participaran todos los ciudadanos. No todos defendían una misma postura, así Voltaire era partidario de una monarquía fuerte y que respetara las libertades del ser humano; Montesquieu defendía la división de poderes: el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial no podían recaer en la misma persona.
El despotismo ilustrado
En esta situación, en la segunda mitad del siglo XVIII, algunos monarcas intentaron conciliar el absolutismo con las ideas ilustradas y promovieron una serie de medidas encaminadas a mejorar la situación del pueblo, pero sin renunciar a su poder absoluto.
A esta nueva práctica se le denominó despotismo ilustrado; su máxima se resumen en la frase Todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Es decir los monarcas gobernaban para el pueblo pero sin contar con la opinión del pueblo. El Despotismo se impuso en numerosos estados: Francia, España, Portugal, Rusia, Austria y Prusia.
Los monarcas ilustrados llevaron una política de reformas que afectaron a todos los ámbitos: