Contaminación lumínica.
Llamamos contaminación lumínica al brillo del cielo nocturno producido por la difusión de la luz artificial. La visión del cielo nocturno ha sido una de las experiencias que siempre ha acompañado a la humanidad. La contaminación lumínica no es más que otra forma de degradación del medio ambiente que afecta a nuestro entorno de manera significativa y empobrece nuestra calidad de vida.
El origen de la contaminación lumínica se halla en alumbrados deficientes de todo tipo: vial, peatonal, ornamental, de seguridad, publicitarios, etc, mientras que las consecuencias de este tipo de contaminación pueden ser:
Económicas
Consumo de energía no aprovechada para la función visual.
Sobreconsumo por sobreiluminación, ya sea en intensidad o en horario.
Sobre la seguridad vial y ciudadana
Deslumbramientos, molestias, fatiga visual y estrés.
Falsa sensación de seguridad (no siempre más luz implica mayor visibilidad).
Dificulta el tráfico aéreo y marítimo.
Ecológicas
Modificación de los ecosistemas nocturnos y desequilibrio entre especies.
Alteración de ritmos circadianos de plantas y animales.
Desorientación y dificultades de comunicación y reproducción en animales.
Invasión de insectos.
Emisión extra de gases de efecto invernadero en centrales térmicas.
Residuos tóxicos de las lámparas (excepto las de vapor de sodio de baja presión).
Sociales y culturales
Intrusión lumínica en domicilios: molestias, dificultades para dormir, estrés, cambios hormonales, anímicos y de conducta.
Pérdida del cielo nocturno como recurso educativo, de ocio y turístico.
Impedimento de la observación astronómica para profesionales y aficionados.